La atrevida ignorancia


Especialmente en televisión se ha hecho muy popular la figura del todólogo, tertuliano que opina de cualquier cosa con una seguridad apabullante y pocos datos en la mano. Lo mismo habla del último descubrimiento relacionado con el cáncer que de la película que está preparando Isabel Coixet. No son exactamente cuñaos, que todo lo saben y todo lo entienden, pero tienen mucho de ese personaje horrendo que siempre nos tiene que caer al lado en la cena de Nochebuena.

Todos tendemos a ser un poco cuñaos o todólogos, pero en el caso de las obras somos ingenieros colegiados. En Carballo fue acabar las fiestas y empezar las obras y en ello estamos. Evidentemente, levantar una calle no tiene que ser nada sencillo, sobre todo porque hay que tener en cuenta que se trata de espacios en los que vive gente y hay negocios, cuyas existencias no pueden quedar en suspenso mientras se les ponen aceras estupendas.

Pero es evidente que algunos trabajos parecen haber sido hechos mal a propósito. Es el caso de la Gran Vía, un engendro sin pies ni cabeza, con esquinas dispares enfrentadas, con pérdida de muchos estacionamientos por no haber tenido en cuenta los vados, con bancos colocados de la peor forma posible.

Sin saber nada de obras, los que ya hemos visto unas cuantas, solo por cuestión de edad, apreciamos que los tiempos hayan cambiado tanto, que se respete a los vecinos y que haya un técnico pendiente de que las cosas se hagan bien. A veces salen mal o regular, pero seguro que se pone la mejor intención.

Lo que sorprende a veces es la distancia que hay entre lo que se busca y lo que se obtiene. La Gran Vía no estaba tan mal como para que la dejaran así y la Valle Inclán merecía mucho más de lo que tiene. Los bancos se han esfumado a base de tumbarlos y a muchas horas del día hay tantos coches aparcados en las aceras que caminar por ellas es casi peor que antes.

En Carballo parece haber un problema bastante importante con las cosas que están a menor altura que el capó del coche. Carballo camina cada vez más, pero todavía le quedan muchos pasos que dar.

En ocasiones parece que lo mejor es no complicarse la vida y hacer calzadas de adoquines que terminan cada uno por su lado, pero otras da pena que no se haya batallado más por hurtarle más espacio a los coches y crear espacios en los que poder sentarse.

La ignorancia es muy atrevida y la de las personas que opinan sobre las calles todavía más. Pero la cuestión es que son espacios de todos, que deben resultar cómodos y que están hechos con el dinero de todos. Por eso es necesario que los que saben pongan mucho cuidado.

Por crÓNICA CIUDADANA

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