Los carballeses arrojan cada día más de 7.000 colillas en las calles

Los restos recogidos en una semana están expuestos en una urna y forman parte de una campaña de concienciación para lograr conductas más cívicas

c. viu
carballo / la voz

Los carballeses, o al menos los vecinos y las personas que acuden a la capital de Bergantiños, arrojan cada día a las calles más de 7.000 colillas. La cifra, aproximada, se sabe gracias al trabajo específico realizado durante una semana por los operarios del servicio de limpieza, cuya concesión tiene Aspaber.

Con toda seguridad la cantidad es aún superior, ya que numerosos restos de cigarrillos acaban en solares, parcelas o vías de poco tránsito en los que la limpieza no es tan exhaustiva, o simplemente en maceteros o en alcantarillas. Pero lo grueso, como es obvio, está en la calles más concurridas, especialmente de alta intensidad hostelera. No hay que esperar muchos minutos en una rúa del centro para ver a alguien que acaba de fumar y arroja directamente la colilla al suelo, aunque tenga al lado un cenicero. Y tampoco hace falta recorrer demasiados establecimientos para encontrar alrededor de su puerta decenas o centenares de restos. El incivismo de algunos usuarios, en este caso (y en otros) resulta alarmante.

Dada la elevada incidencia, el Concello de Carballo presentó ayer una campaña para tratar de atajarla. Las recogidas durante una semana se han introducido en una urna, que ayer se podía ver en la intersección de la calle Hórreo con Camiño Novo o Praza de Galicia, y que se expondrán de nuevo mañana jueves y el domingo, coincidiendo con la ferias, para que tenga más repercusión social, y a modo de aldabonazo o llamada de atención. A su alrededor, representaciones de colillas gigantes, como ya se habían visto en otras campañas en la calle Coruña o en la playa de Razo, donde además se repartieron ceniceros portátiles.

¿Y cómo se realizó el recuento? Durante siete días, los trabajadores de la limpieza llevaron una bolsa a mayores en la que iban depositando todas esas colillas. Recogieron un centenar de kilos en ese tiempo. Después, los cálculos: el peso medio de cada una es de dos gramos, de donde resultan las 50.000 a la semana y más de 7.000 al día.

Durante la presentación de la campaña, ayer, a cargo del alcalde y del edil de Obras e Servizos, Luis Lamas, varias personas se acercaron sorprendidas al ver tanto volumen junto, y además en un recipiente transparente que llama especialmente la atención, y que incluso obliga a reflexionar sobre el tabaquismo. A dejar el vicio, realmente.

La campaña, que coordina Carballo Limpo, tratará de contar con la colaboración de los establecimientos de hostelería, especialmente aquellos en los que se han detectado los «puntos negros», para que animen a los clientes a que empleen los ceniceros. Incluso aunque no estén en el bar: las nuevas papeleras ya los incluyen.

Si la campaña sale bien, miles de colillas no acabarán en las alcantarillas y, por tanto, no entrarán en las redes de aguas pluviales y saneamiento.

una ordenanza

Diversas sanciones por incumplimiento

Carballo tiene, desde el 2012, una ordenanza sobre limpieza, salubridad e higiene, que además de marcar las obligaciones y prohibiciones, establece un cuadro de sanciones que, en la práctica, pocas veces se cumple, porque obligaría a un control exhaustivo de la Policía Local. En ese teórico caso, tirar colillas, pipas, papeles o desperdicios podría ser multado con 50 euros. Incluso sacudir la alfombra por la ventana puede costar 90 euros, lo mismo que barrerlo todo hacia fuera. Es la misma cantidad que se puede imponer por dejar la basura fuera de los contenedores, entre otros supuestos.

Como en casa

Una ciudad o un pueblo es como una casa. Si todos ensuciamos, es imposible tenerla limpia. Del mismo modo que no tiramos las colillas o las cascas de las pipas en el salón de la vivienda, tampoco debe hacerse en las plazas. En cualquiera de los dos casos ensucian y hay que barrerlas. Un pueblo o una ciudad dice mucho de sus habitantes. Si las calles están sucias de papeles, orines, deposiciones de perros, colillas y pañuelos de papel es porque sus habitantes tienen muy malos modales y las autoridades no aplican las normas.

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«O que máis se varre son a cabichas e os excrementos dos cans»

 

 

Dolores Fernández es la directora de Aspaber, cuyo centro especial de empleo se encarga de la limpieza viaria en Carballo, A Laracha y Malpica, además de varios centros públicos. Tienen una plantilla de 53 personas, de las que unas 40 se encargan de las calles. Por lo que conoce de hablar con los trabajadores, «o que máis se varre son as cabichas e os excrementos dos cans».

La cantidad de estos últimos no es comparable a la de las colillas, pero sí muy relevante, y muy molesta para todos, usuarios y trabajadores. Pero la cantidad de restos de cigarrillos es espectacular. Hay lugares en los que se limpian por la mañana y por la tarde o noche ya vuelven a estar igual. Hay que añadir el problema de las que se incrustan en determinados espacios, las que se mueven con el agua o las dificultades que hay en invierno.

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