«Con las pescantinas el cambio era un saco de maíz por uno de percebes»

Pepe Pose llegó a Perú de la mano de Telefónica y acabó comprando un bosque en la selva amazónica. Ahora escribe sus memorias para sus nietos


CARBALLO / LA VOZ

Pepe Pose parece tener decenas de vidas, la de Rioboo, la de León, la de A Estrada, la de Buenos Aires, la de Guatemala y el Salvador, la de Lima y la selva peruana y ahora la de Carballo. No tenía ganas de volver a Galicia en una caja de madera y la crisis del 2008 terminó de animarlo. Su casa de Carballo es la 29 de su vida porque no le gustan los hoteles. Ha sido un cargo importante de Telefónica durante muchos años, pero también ejerció de agricultor, camarero, industrial maderero, primer teniente de alcalde e incluso panelista en Radio Miraflores. Ahora, con 68 años está, como el mismo dice, medio jubilado.

Pose Souto vino al mundo apenas dos semanas antes de que se terminara 1950 en San Martiño de Rioboo. De padres agricultores fue de escuela en escuela, hasta que llegó a la de Antonio Platas, en Baio, donde se preparó para examinarse por libre.

Entonces, a la familia no les faltaba qué comer y varias veces enviaron a Pepe a Santiago, pero siempre regresaba. No era una familia demasiado pudiente, pero tampoco les faltaba qué comer. Pasaban por ahí las pescantinas de Corme y el trato con ellas era «un saco de maíz por uno de percebes».

Sirvió en una pulpeira de A Coruña e hizo, en 1970, las oposiciones para Telefónica. Su primer destino fue León. «Me dieron una pala para apartar la nieve y un pico. No es tan diferente el trabajo al que hacía en Rioboo, me dije», recuerda.

Pero todo cambió pronto y fue adquiriendo mayor responsabilidad. Se echó novia en A Estrada, donde pasó unos meses destinado, y se casó después de hacer mili. En el Hoyo de Manzanares vivió el atentado contra Carrero Blanco. De eso recuerda la falta de información sobre lo ocurrido y la música militar de estilo fúnebre que sonó varios días.

Tras varios destinos de Telefónica en Galicia recaló en A Estrada, donde fue primer teniente de alcalde coincidiendo con el tripartito de González Laxe.

En 1991 Telefónica desembarca en Argentina y Pepe Pose forma parte del primer grupo de la aventura americana de la ya multinacional. Tiene tres hijos, pero el matrimonio se separa. De Buenos Aires lo mandan a Perú por tres meses, pero allí se quedará tres años. A los 52 decide que es hora de volar por su cuenta y pacta su salida de Telefónica. «Quería saber lo que era vivir sin tener una multinacional a tus espaldas», recuerda. Eligió el negocio de los muebles, que llegó exportar a España, pero «Perú es un país muy desordenado. Un plazo de seis meses se convierte en año y medio y eso nos dejaba mal ante los clientes», explica. Para abastecerse sin problemas, decidieron comprar un bosque. Diez mil hectáreas en el departamento de Huánuco. «Deje un despacho para ir literalmente a un bosque, con 120 personas, en tienda de campaña y todo el desorden que hay en ese mundo», explica. Ese mundo, del que habla, con 860.000 kilómetros cuadrados en el centro del país con apenas 4 millones de habitantes. «Es como toda España y Portugal y la mitad de Francia. Entre Lima y Madrid hay muchas diferencias, pero entre Lima y Pucallpa [la capital del vecino departamento de Ucayali] se multiplican por cinco», explica. En ese ámbito puso en marcha también la empresa Electricidad y Telecomunicaciones Bergantiños, que también sufrió la crisis.

Gallinas contra las cucarachas

A Pepe Pose siempre le tiró la política, aunque quedó bastante desencantado, y en Lima participó como panelista, lo que se conoce como tertuliano, en Radio Miraflores. Como tenía que preparar sus intervenciones, se dedicó a escribir un análisis económico sobre la selva peruana, cómo planificar el desarrollo de Lima, historias de la prostitución en Pucallpa y, sobre todo, todo lo que sabe sobre la droga en esa parte del país. Tal es su conocimiento de la zona, que cuando hace un año aparecieron asesinados varios agricultores, el embajador Javier Santodomingo acudió a él cuando desde España le pidieron datos sobre lo ocurrido.

Pero el Pepe nacido en Rioboo también es aficionado a la narración costumbrista. Tras un viaje, un día de octubre llega a su casa de Pucallpa y se encuentra con que todo el pueblo está sin luz, algo bastante frecuente. Además, las cucarachas y otros insectos han invadido el patio y alguien le recomienda hacerse con gallinas. Compra una con 10 pollitos y un gallo.

El sistema de limpieza funcionó de maravilla hasta que las crías crecieron. Tras otro largo viaje, se encontró con que en la casa había seis gallos, incluido el viejo, y a las cinco de la mañana «desperté como si hubiese percibido un sismo de nivel ocho, creí morirme del susto que me ocasionaron estos seis músicos que parecían una banda de rock». Al vecino de al lado, al que le encargaba algunos trabajos, le tocó ese día deshacerse de cinco gallos, de la forma más expeditiva posible, y dejar al más joven, cuyo cacareo era soportable.

También cuenta la de veces que tuvo que llevar el coche para que finalmente se lo arreglaran. «Mmmmm, paciencia Pepe, paciencia que puede ser peor», se dijo. Pucallpa tiene su propio tiempo, reconoce.

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