Aspectos de urbanidad


Progresamos en conductas cívicas, pero aún queda mucho por hacer. En demasiados aspectos. Lo de las colillas arrojadas al lado de los bares ya lo doy por perdido. No va a menos. Es lo que tiene fijarse en el suelo cuando vas por la calles, más que en las nubes. No percibo mejoras. Hablo de Carballo, que es por donde más camino, pero estoy seguro de que ocurre en todas partes. Pero claro, en la capital de Bergantiños hay más superficie, más población, y por tanto más locales de hostelería. Conclusión: problema agravado.

Este fin de semana, más o menos al mediodía (antes de la misa de A Milagrosa), dediqué unos segundos a contar las colillas que había en la entrada de un conocido bar. No digo el nombre porque sería injusto y además se le puede aplicar a casi todos. Salían más de 60. Estoy seguro de que conté por lo bajo. Es un local de muchos clientes, y por tanto de una incidencia elevadísima. La imagen es típica: el chico o la chica, el señor o la señora, salen a la calle a fumar y arrojan lo que queda del pitillo sin más a la acera. Como quien no quiere la cosa. Da igual que haya un cenicero al lado o no: es más cómodo dejarlo en el suelo.

No hay solución. Ni siquiera una hipotética ordenanza multando este incivismo, como sí existe en muchos países. Aunque la hubiera: no se aplicaría. ¿Se hace, acaso, con la de las excrecencias de los perros, que también son un problema grave en algunos puntos? Como siempre te dicen, no puede haber un policía con cada persona. Solo queda esperar a que pase el tiempo. Que aumente la conciencia ciudadana. El respeto a lo que es de todos. La responsabilidad personal inoculada ya desde el ambiente familiar. La urbanidad, esa palabra tan fea que ya resulta anticuada.

A todos los niveles. Reciclar bien, o lo mejor que se pueda. No gritar en los espacios públicos. No gritar incluso en el exterior de los bares a altas horas, porque curiosamente el sonido se propaga bien y hay vecinos que quieren dormir. Recoger las cacas de los canes. No tirar los chicles a la calle. No pintar paredes de todos, ni romper ramas porque sí. No dejar libre el escape de la moto para despertar a media avenida cuando se acelera en ella. No tirar plásticos, y menos al río o a las fuentes. No arrojar papeleras al agua.

¿Exagerado? Todo lo anterior son simples ejemplos de hechos que cualquiera podemos ver casi a diario por nuestras calles. Lo de la papelera, para curiosos, cerca del Parque do Anllóns. El vandalismo con las plantas, una constante. Tal vez dentro de pocos años todo esto sea un comentario de hemeroteca de un tiempo pasado. Pero, no sé. Todavía hay mucho que hacer.

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