Seguimos sin aprender


En febrero del 2016 una patrulla de Tráfico de la Guardia Civil me interceptó en Agolada. Iba a 73 kilómetros por hora en un tramo de 50. Me cascaron por aquel entonces 200 euros y me limpiaron 2 puntos del carné de conducir. ¿De quién fue la culpa, mía o del radar? Claramente mía porque si fuera a 50 el dichoso radar no chivaba. Esto viene a cuento porque en las redes sociales y en las tertulias se siguen viendo a los agentes de Tráfico de la Guardia Civil como una especie de lacayos de Hacienda. Unos esbirros del Gobierno. Que si recaudadores encubiertos de impuestos, que si son los que trincan de las pagas extra de julio y diciembre, que no hacen nada más que multar, que si tienen todos los medios inimaginables mientras que sus compañeros del puesto de Carballo patrullan con el dichoso Renault 19, que anda más quemado que la piedra del mechero de Bob Marley.

Pero no es menos cierto que continúan las actitudes bochornosas al volante en la Costa da Morte. Infractores reincidentes, o multirreincidentes, que una vez y otra son denunciados por ir hasta las cejas de alcohol y drogas. Conductores que cogen un coche sin haberse sacado nunca el carné, o que lo tienen retirado por orden judicial o, simplemente se les quedó a cero en puntos. Tipos que provocan un accidente y al soplar dan 1,25, o 0,89. Como si nada. O dan positivo en cocaína. Una multa y a seguir reincidiendo, como si la cosa no fuera con ellos.

Los juzgados de Carballo batieron en junio el récord absoluto de vistas orales contra infractores. Coincidencia, o no, se celebró el San Xoán. Hasta doce juicios rápidos hubo el martes 26 de junio, como si de una mala resaca se tratase. Pero se sigue con la mentalidad de que la culpa es de Tráfico porque insisten en los radares. Si trincan a 50 infractores en un fin de semana, ¿cuántos se libraron de la multa, solo por el simple hecho de no ser cogidos in fraganti?

Soy de los que me gusta viajar seguro y de no poner en riesgo, no solo mi vida o la de los que viajan conmigo, sino la del resto de usuarios. Pero por lo que se ve no todos piensan igual. O eso reflejan las estadísticas oficiales. Los hay que les gusta ir haciendo eses, hacer cabrioladas al volante o fugarse de los controles. Hasta que se masca la tragedia. Luego vienen las lamentaciones, las lágrimas... Y lo peor, los funerales y los entierros.

Autor Toni Longueira CIUDADANA

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