¿Ya se ha acabado el San Xoán?


Hace unos años el San Xoán duraba cuatro o cinco días, dependiendo de cómo cayera el día del patrón. Eran unas fiestas intensas, concentradas, con el San Martiño atronando y la plaza llena para ver a Georgie Dann o Juan Pardo. Todo lo más, a principios de junio llegaba la Romaría Internacional, cuyos curiosos espectáculos atraían mucho público. Ahora, las celebraciones patronales de Carballo duran casi un mes, desde el Rexenera Fest hasta la Festa do Bosque, del 23 de mayo al 1 de julio, por lo que terminan por diluirse entre una marea de actos de distintos organizadores que nada tienen que ver con el San Xoán, pero que llegan a formar un todo en forma de varias páginas de programa.

Al final, en las fiestas entre desde la graduación de los alumnos del Conservatorio hasta la gala de ritmos latinos pasando por el Día da Muiñeira. Este año ha sido mucho abarcar, como en ocasiones anteriores, y poco apretar, menos que nunca.

El San Xoán ha sido tan plácido que casi ni ha sido. La ausencia de las atracciones más llamativas ha restado vistosidad al San Martiño, que ha estado mucho más tranquilo que otros años. No ha sonado la misma música en todo el recinto, pero sí ha habido menos decibelios y cierta unidad. La cuestión es quién viene desde Zas o desde Cabana para montarse solo en el Saltamontes, cuando ha faltado el dragón, la nave espacial y la noria.

El domingo hubo mucha gente, pero es que con un día como ese y siendo festivo había mucho personal en todas partes y más coincidiendo un día de feria.

Quizá sea pronto, pero hay que hacer balance del planteamiento de las fiestas y, sobre todo, hay que hacer números. Qué ingresos supone un San Xoán tranquilo como el que se ha vivido este año y qué actuaciones se pueden comprar con ese dinero.

La fiesta carballesa ya no es, al menos este año, el pistoletazo de salida de un verano lleno de fiestas en la Costa da Morte. Ha perdido impulso, pero también molestias, ruido y suciedad.

La cuestión está en plantear si lo más importante es el San Xoán o es el FIOT, o la Primavera en Danza o todo ello, porque si hay que repartir toca a menos y quizá no vale la pena pagarle una barbaridad a Bustamante, por decir algo.

Sin embargo, es difícil cambiar de mentalidad y ver un Carballo tan tranquilo y sosegado a las puertas del verano. Ahora ya no hace falta huir a Razo o mandar al niño a dormir a casa de la abuela para que pueda descansar y al día siguiente no esté repugnante.

Habrá que saber si los hosteleros se han quedado satisfechos, si les cunde más repartir con el Carballo por Etapas en lugar de jugárselo todo al San Xoán.

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