Sin noria sí hay paraíso


«Este año no ha venido la noria», decía enfadada una adolescente. Es cierto que no está. No asoma por encima de los tejados su redondez brillante, llena de alaridos que atraviesan los cristales y llegan hasta los vecinos dormidos. No hay que ser aguafiestas en el San Xoán, pero la noria no es imprescindible. A los ojos de los profanos, se perciben en el aire unas celebraciones más tranquilas, con los ya talluditos miembros de Café Quijano como atracción musical principal y artefactos más clásicos en el San Martiño. No parecen ser de esos que provocan retortijones de estómago, seguidos de lanzamiento de patatas fritas a medio digerir. Da la sensación de que el San Xoán ha dado un paso atrás y reconozco que pongo la venda antes de la herida. Para los que ya peinamos canas (como los de Café Quijano), la ausencia de la noria y otras atracciones no nos da ni frío ni calor y se agradecerá mucho el nuevo sistema de hilo musical para todo el San Martiño, que habrá que verlo para creerlo.

El San Xoán parece este año, que todavía no ha comenzado, más civilizado, más de ciudad y con un presupuesto más ajustado, pero habrá que ver que si los que arrancan el verano en Carballo están de acuerdo con la aparente simplicidad del programa.

No habrá noria asomando por encima de los tejados, la fiesta ha bajado unos peldaños para situarse al pie de la calle. Este San Xoán parece más familiar, más de estar por casa, con su gala de bailes de salón, su muestra de habaneras, su festival de fin de curso, sus juegos populares y sus comida en el bosque.

Da la sensación de que la fiesta es cada año más para los carballeses y menos para los visitantes. Sin noria puede haber paraíso y parece que el doméstico ha sido el elegido por la comisión y el Concello.

No hay noria ni Bustamante y da la sensación de que la fiesta se desinfla. El de la tómbola El Cubo, que llegó a sortear un coche, se da dado la satisfacción este año de decir no al cambio de ubicación. La única razón para hacerlo es que no le interesa ya el San Xoán, al menos no lo suficiente para aceptar imposiciones.

El programa se ha vuelto doméstico, abarcable, con conciertos de rock para los jóvenes y verbenas para todos. Con el concurso de cachelas y el descenso del Anllóns para animar a bricolaje y repartir algo de dinero.

Pero, ¿Son estas las fiestas que corresponden a un municipio como Carballo? ¿Dónde está la noria si no está aquí? ¿Y Bustamante? ¿Quieren los carballeses una fiesta de andar por casa? El caso es saber si vendrán de otros lugares a esta pequeña ciudad de aluvión con una doméstica fiesta.

Autor crÓNICA CIUDADANA

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