¡Orden en la plaza!


Uno de los atractivos del mercado semanal carballés es que estando en una ciudad pequeña uno puede alimentarse como si tuviera el huerto al lado de casa. En lugar de coger las verduras envasadas del lineal del supermercado es posible hablar con la persona que plantó, cuidó y recogió las hortalizas, negociar el precio e incluso enterarse de las últimas noticias de la aldea.

En el mercado semanal y en la feria de los domingos hay productores y comercializadores y se distinguen por el tipo de productos que ponen a la venta, aunque ninguno tiene identificación visible alguna. No hay que ser muy avispado para saber que en la zona no hay naranjas y que los hermosos tomates que se exhiben en un cesto de mimbre solo pueden ser de Almería o de Holanda.

Comprar en el mercado exige saber, tener picardía y conocimientos que atesoran madres y abuelas. Ahí no hay una etiqueta para mirar el registro sanitario o la procedencia del producto. Hay que tener ojo.

Sin embargo, no todo el mundo tiene tiempo y ganas de hacer un cursillo sobre horticultura comarcal y en ocasiones es difícil ser capaz de distinguir.

Bergantiños tiene unas de las patatas más apreciadas de España. El tubérculo es una seña de identidad de Coristanco y también de Carballo y se organizan actos para ensalzar un producto de extraordinaria calidad. Sin embargo, en la plaza es muy fácil que te den gato por liebre.

Junto a productores de la zona, con la mercancía de sus tierras se instalan comercializadores de tubérculos foráneos. Utilizan las mismas cajas, los mismos modos, el mismo sistema de venta. Solo el aspecto de la patata y un conocimiento del cultivo permite distinguir unas de otras.

Al final uno no sabe lo que está comprando y cree que come patata gallega cuando la está comiendo castellana o de Cartagena, que no es mejor ni peor, pero es distinta. También se mezclan los pimientos tipo Padrón de la zona con los venidos de veteasaberdonde y las judías de helda marroquíes con las de Lema.

La confusión viene porque no hay orden ni concierto en la plaza los días de mercado. A lo mejor solo hace falta colocar en un lado a los productores y en otro, a los comercializadores para que todo el mundo tenga claro qué está comprando.

Un espacio para cada uno daría confianza a los compradores y salvaría la reputación de la patata de Bergantiños, al menos de cara a los incautos.

Junto con la confusión en el tiempo y en el espacio, la otra gran queja de los labradores y los comerciantes tiene que ver con el tráfico y los estacionamientos, que nunca parecen ser suficientes ni estar bastante cerca. La apertura de Colón les parece insuficiente y eso que durante toda la mañana de jueves es un ir y venir constante de coches.

Autor crÓNICA CIUDADANA

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