«A Semana de Cine de Carballo era un acto social ineludible»

Chano Piñeiro fue el padrino de la entidad, que arrancó con el pase de la mítica «Mamá Asunción» y la presencia del director


Carballo / la voz

La foto

 

1995. Justo antes de la proyección de la película A metade da vida, de Raúl Veiga, se celebró en el Rega una asamblea del Cine Club Carballo a la que acudieron solo 16 personas. La mayoría eran miembros de la junta directiva, que había dimitido. Esa tarde de hace ahora 23 años se hizo el último esfuerzo por intentar salvar la entidad, que había nacido diez años antes, pero no se presentó ninguna candidatura. La junta gestora se fotografió en el recibidor del cine y anunció la disolución del colectivo, que no se haría efectiva hasta el 29 de septiembre, cuando se liquidaron las cuentas en una reunión celebrada en el Casino. Fue una muerte anunciada porque cada vez eran menos los que acudían a los pases semanales de los viernes.

Los protagonistas

Mari Carmen Vila fue la última presidenta del Cine Club Carballo y en la gestora que se encargó de los últimos trámites estaban su marido, José Antonio Viña, y la pareja formada por Asun Vázquez y Arturo García, además de Manuel Anxo Pardiñas. En sus 10 años de vida, la entidad tuvo cuatro presidentes. El primero fue el profesor Jesús Rodríguez Carracedo, ya fallecido, ya que el colectivo nació en el instituto Alfredo Brañas. Como vicepresidente y auténtico promotor estaba Frutos Fernández, que entonces era el director del centro, venía de O Carballiño y pertenecía al activo cine club de la localidad ourensana. Después se hicieron cargo de la agrupación José Facal y María Jesús Sales. Además, decenas de carballeses pasaron por la directiva.

La historia

«Foi moi bonito», dice Xaime Díaz Alonso para resumir la experiencia de pertenecer durante 8 años a la junta directiva del Cine Club de Carballo, que se disolvió hace ahora 23 años. Él fue uno de los miembros fundadores, en una reunión que se celebró en el instituto Alfredo Brañas. Asun Vázquez, miembro de la gestora que desmanteló la entidad en 1995, coincide casi al 100 % en la apreciación. «Foron anos fantásticos, paseino pipa», dice.

Por esa experiencia pasaron decenas de jóvenes carballeses que se sacudieron el aburrimiento y la falta de actividades culturales interesantes con una asociación que les permitía ver películas a las que solo tenían acceso si se desplazaban a Santiago o a Coruña.

La gran cita del año era la Semana de Cine, que era «un acto social ineludible», dice Asun Vázquez, muy parecido a lo que es hoy el FIOT. Además de Chano Piñeiro y Uxía Branco, en el estreno de Sempre Xonxa, llegó a acudir a Carballo la actriz Maribel Verdú, con motivo de la presentación de Amantes, de Vicente Aranda.

Tan dulce es el recuerdo del cine club que la mayor parte de los que estuvieron en la directiva guardan celosamente actas, programas, publicaciones y toda una serie de documentación que ahora sirve para analizar un trabajo de fin de grado que dirige Miguel Anxo Fernández.

La llegada del vídeo fue demoledora para el cine club, que solo reunía espectadores en los actos puntuales, mientras que los pases semanales en el desangelado cine Rega estaban casi vacíos. «Pasabamos moito frío», recuerda Arturo García Basalo. Nada que ver con lo que ocurría en los ciclos, las proyecciones en los colegios o las diez Semanas de Cine, cada una de ellas dedicada a un personaje de la zona relacionado con la imagen. Recordaron a Camarot, Xosé Vidal o Gervasio Varela, pero también a las salas Rega y Cervantes, que se había convertido en discoteca cuando el cine club daba sus primeros pasos. Muy concurridos estaban los maratones de cine en Navidad, que acababan con una chocolatada en el ambigú del Rega, e innovador fue el pase de Las mariposas son libres en la Casa da Xuventude, en una sesión para invidentes.

El cine se hizo itinerante también. Arturo García recuerda que hubo un pase en el centro de la tercera edad, con una treintena de espectadores, que solo vieron la mitad de la película porque cuando pararon para cambiar el rollo todos los asistentes abandonaron la sala, ante el estupor de los miembros del cine club.

Xaime Díaz recuerda también como tenían que ir a buscar las cintas a la estación de tren de A Coruña, con el estrés que suponía que hubiera retraso, porque casi siempre iban con el tiempo justo para las proyecciones.

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