Pacientes poco impacientes


Con mucha filosofía parecen haberse tomado los pacientes las novedades implantadas por el Sergas en el centro de salud de Carballo. El sistema de dispensación de citas provocó un buen revuelo los primeros días. Muchos ni se apercibían de la existencia del aparatito y tenían que volver atrás para obtener el número o turno.

Todo es sencillo y los que hayan tenido que ir a un centro de especialidades o al hospital, lo saben. Solo hay que meter la tarjeta sanitaria y ya sale el papelito. La cuestión es que para pedir esa cita, ya había que tener cita, pero vale la pena porque evita que el médico o la enfermera salgan a la puerta voceando el nombre del paciente o, lo que era peor, montara una fila imaginaria. «La señora de rojo va después de María y las siguientes son usted, usted y usted...», decía mientras te señalaba con el dedo. Siempre había alguien en Babia, incapaz de entender las instrucciones o que las había olvidado.

Eso ya no ocurre. Ahora, todavía ahora, los atascos se producen al lado del mostrador. Si no reconoce la tarjeta, lo que es frecuente, pide el DNI, pero leer las instrucciones se hace complicado para algunos y más recordar los números del carné. Hay que echar mano de la cartera, buscar, leer, darle a las teclas del panel digital.... Y todo ello si, como también ocurre, no se han dejado la tarjeta, el carné o ambos documentos en casa....

Está claro que el Sergas tiene pachucha la informática, al menos en Carballo, donde también se puede obtener acceso al E-Saúde, una plataforma que permite al paciente acceder a su historia clínica, a las citas que tiene pendientes o a otras cuestiones médicas. Hace más de un año que existe, pero ahora se ha implantado en Carballo, o no.

El trámite no parece aparentemente complicado, pero el sistema falla constantemente, por lo que se requiere mucha paciencia o insistencia para lograr entrar. A veces ni con esas y hay que ser rápido porque el número de acceso que facilita la Xunta solo está activo 24 horas, que parecen muchas, pero son pocas cuando un sistema informático se niega a reconocerte como usuario, a pesar de que lo eres. Es como cuando la máquina de citas te escupe la tarjeta sanitaria y al minuto siguiente te la acepta. A veces basta con un toque certero del celador, como cuando se te queda atrapado un bollo o una lata de refresco en una máquina de vending.

Cuando pides cita ahora te salta casi siempre una grabación, que funciona muy bien, pero requiere armarse de paciencia. De momento, el personal sanitario es de carne y hueso, pero es posible que en el Sergas ya estén pensando en una vuelta de tuerca. Habrá que verlo.

Autor Cristina Viu CIUDADANA

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