Las cabinas están a punto de colgar

El goteo de bajas es constante, y además muy pocos vecinos las usan


carballo / la voz

Hace tiempo que las cabinas telefónicas empezaron una muerte lenta y segura. Ninguna operadora las quiere, pero el Gobierno obliga a mantenerlas como servicio universal de prestación obligada. El plazo obligatorio ya debería estar terminado, pero se ha prorrogado uno más, hasta todo este 2018. Y seguramente se mantenga el que viene.

Poco a poco van desapareciendo todas las que legalmente pueden. Hace 20 años había 86 en la comarca, según datos de Telefónica facilitados entonces a La Voz. Ahora rondan las 30 en los 16 municipios de la zona. La mayor parte (a mayores de las de R), siete, están en Carballo. La última que se llevaron fue la de la calle Martín Herrera, aprovechando las obras. En las otras no se ve a casi nadie, salvo alguno que aprovechan las tarjetas específicas. De hecho, hay terminales que ya no admiten monedas, como la de A Agualada. Otros tienen seguro para introducir el dinero; otros, nada.

En Cee había tres, ya solo queda una, cerca del centro médico. En Baio quitaron la que estaba junto al cruce que se conoce como el de Buenos Aires, por el bar del mismo nombre. Era casi un icono, en la entrada del pueblo. Los vecinos recordarán otros tiempos, cuando incluso había cola de coches aparcados para llamar. A Baio, curiosamente, acudí mucha gente para hacerlo, sobre todo a algunos bares. Desde el Hórreo se pusieron muchas conferencias con emigrantes, y más abajo, desde el bar Muíño, también, que además tenía (aún conserva) una cabina o cuarto interior estrecho, también muy demandado en su momento. Ya no queda el cuentapasos, el marcapasos que decían otros, donde los números digitales iban avanzando con el tiempo y después se multiplicaba por pesetas para saber el total. Eran años en los que el móvil aún estaba muy lejano, y las cabinas resultaban imprescindibles. En estos años muchas han funcionado, por épocas, muy mal, tragando dinero o sin dar línea. Y sin devolver el cambio nunca, una avance inexplicable en estos tiempos. Tal vez porque ahora el uso es menor, en general los teléfonos funcionan, según una rápida comprobación en diez cabinas de la zona (la mayoría en Carballo) a lo largo de los últimos días. Otra cosa es la suciedad o el vandalismo, una lacra contra la que siempre fue muy difícil luchar.

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