«Non me vou, bótanme»

Las denuncias por la falta de ajuste a las ordenanzas obligan a echar el cierre a un negocio que funciona muy bien


carballo / la voz

En Carballo (y en otros lugares) hay varios locales que echan el cierre por jubilación. Otros, porque el negocio no da más de sí o por nuevos rumbos de sus propietarios. Pero también los hay que tienen que decir adiós a la aventura tras una sucesión de denuncias. No queda otra que cumplir las ordenanzas, aunque sean anticuadas y se puedan cambiar, pero haya que esperar un tiempo para hacerlo.

Es lo que le ha pasado a la pastelería artesana Crocante, de Carballo. En la esquina inferior del mercado que mira hacia el Concello y el jardín. Ocupa el lugar que, durante muchos años tuvo la textil Marilines, que era de la madre del actual responsable del negocio. Le queda muy poco. «Días, en febreiro xa pechamos», cuenta Francisco Ramos Gallego (1986), al que todos conocen por Chisco. En diciembre del 2016, le dio una vuelta a ese local y abrió Crocante, una nueva apuesta culinaria a la que nunca le han faltado ni ideas ni imaginación ni clientes. Pero sí una normativa en la que ampararse. El negocio está en un edificio público, vinculado a una concesión que establece el tipo de explotación, y la alimentaria no está entre ellas. Aun así, las ganas de emprender y de regresar a su tierra, tras pasar por numeras ciudades, animaron a Chisco a seguir adelante. «No Concello xa me dixeran ao principio que por eles non ía haber problema, que era boa idea, pero estaba suxeito a denuncias». Y en efecto, así ocurrió, por parte de otros comerciantes de la plaza: «Xa dende o principio. E eu poñendo recursos unha e outra vez, pero insistían e ao final, nada», se lamentaba ayer Chisco. De hecho llegó la orden de precinto y la multa coercitiva. La solución sería cambiar la ordenanza correspondiente, para favorecer la implantación de negocio, pero eso no se puede hacer hasta el año 2020, explica este emprendedor, y confirmaron ayer fuentes municipales, que lamentan lo sucedido, pero ateniéndose a la normativa no tienen otra opción». Chisco explica que esas denuncias fueron muy insistentes, tal vez para que no quedasen en el olvido, como así ha sido. «Non me vou, bótannme», indica. Su madre y su pareja, coinciden. No entiende por qué, acaso por «maldade». Además, deberá seguir pagando el crédito pedido para montar el negocio, ahora ya fuera de él.

A Cataluña

Ahora se irá a trabajar a Cataluña, donde ya había estado, y regresar en invierno para montar un obrador en Carballo. Seguramente ya no de cara al público, con tienda física, sino mediante encargos. Es un proyecto, porque ha quedado muy desencantado de su experiencia emprendedora. Al final, todo se basa en una denuncia. Si algún otro local también incluye algún punto de las ordenanzas, pero no se lleva al Concello, no pasa nada y se mantienen los puestos de trabajo.

Antes de montar Crocante, y tras dejar de lado la carrera de ingeniería naval que no acabó de convencerlo, Chisco había pasado por el Gran Hotel da Toxa, Padrón, A Coruña, Girona (jefe de pastelería de un restaurante con estrella Michelin), India, Londres, Croacia... Y, finalmente, Carballo. Hasta ahora.

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