El carballo más valioso de la zona se queda poco a poco sin ramas

El temporal se lleva por delante otro gran brote en el roble de Vilar de Francos


carballo / la voz

El carballo de Vilar de Francos, el más importante de Carballo y de la Costa da Morte por longevidad y valor patrimonial (y uno de los que más de Galicia) lleva un par de años complicados. A finales de enero del 2016, las fuertes rachas de viento se llevaron por delante tres ramas. De nuevo en el primer mes del año, un temporal se ha cargado otras dos de este centenario y monumental ejemplar situado en el lugar de A Telleira, en la parroquia carballesa de Artes.

Si hace dos años la principal pérdida fue una de las ramas, la mayor (en su caída fracturó dos más pequeñas), de un tamaño mayor que muchos árboles adultos, ahora de nuevo el mayor daño ha sido de otra rama, cuya falta se nota de manera muy notoria en la zona que mira hacia el pazo. Justo en la parte contraria, y más arriba, también se quebró otra. Ayer todavía estaba en el suelo una de ellas, relativamente pequeña, además de pequeños restos de la parte ya retirada. Y no es sencillo hacerlo. El carballo de Vilar de Francos está catalogado como «árbore senlleira» de Galicia, incluido en el catálogo oficial cuya selección e inclusiones aparecen en el Diario Oficial de Galicia, y por tanto sometida a rigurosos controles de protección.

Incluso a la hora de retirar partes dañadas debe ser con comunicación y supervisión de la Consellería de Medio Ambiente, como explicaba ayer su propietario. Curiosamente, ese control no es suficiente para poder optar a las ayudas que regularmente saca la Xunta para proceder al mantenimiento de estos árboles, con el fin de ayudar en los gastos, que no son pocos.

El año pasado, por ejemplo, hubo que realizar labores de control de hormigas, que estaban colonizando el roble, con el peligro que eso supone para su conservación. Todo ello, y mucho más, lo asumen los dueños. El responsable espera tratar este tema con el Concello de Carballo, ya que al parecer se debe a una cuestión de «zonificación» que hay que regular en el ámbito municipal.

La pérdida de ramas no es algo nuevo. No hay más que observar el tronco para ver las huellas de cortes anteriores, algunos de hace ya muchos años. Por temporales o roturas accidentales, la espectacular copa ha ido a menos. Así que no es lo mismo que se queda sin ramas ahora, que lo hiciera cuando era mucho más abundante.

Tal vez por eso, además de ser invierno y, por tanto, carecer de hojas, las imagen que ofrece es de estar un poco «achicado», en palabras del dueño. Seco no, porque cada año florece con vigor, pero las calvas no son pocas y desde algunos puntos se ve el tronco desnudo al completo, algo que antes nunca pasaba.

Tampoco muere la tradición asociada a sus muchos agujeros: todos, incluso los más elevados del tronco, están llenos de piedras de pequeño y mediano tamaño. La costumbre dice que hay que encestarlas para asegurarse una boda, y eso ya ocurría mucho antes de que el pazo las acogiese. En los tiempos de la tecnología más avanzada, sorprende ver cuántas hay esperando a ser retiradas para dejar sitio, o a que se cumpla la leyenda.

Más de diez metros de perímetro en la base del tronco

Hace nueve años, un veterano operario del pazo (ya no trabaja en él) calculaba que cada mes encestaban en él más de 150 piedras. La cifra era muy variable: no es lo mismo en verano que ahora, aunque viendo cómo estaba ayer, esta afirmación no se sostiene del todo. Los visitantes no son multitudes, pero sí continuos, así que el reguero no cesa.

El tronco del carballo tiene un perímetro general de 6,65 metros, según un análisis de los botánicos Carlos Rodríguez Dacal y Jesús Izco, que analizaron en su momento los mejores árboles de Galicia. En la base es superior, ya que sobrepasa los diez metros. El diámetro máximo de la copa llegaba a los 28, aunque con las caídas estos años tal vez sea menor.

Cuestión controvertida siempre fue la edad, en este y en todos los grandes ejemplares gallegos, como se observa en algunos fotos.

En una guía especializada editada por Caja Madrid, los autores consideran que tenía 388 años (y ya pasaría ahora de 400). Dacal e Izco calculaban entre 250 y 500. La tradición eleva esa última cantidad mucho más.

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