Pintadas que hacen sombra a los intentos por acabar con el feísmo

Proliferan en varios edificios relevantes de concellos de la zona, y son una lacra vandálica ante la que no se toman medidas suficientes


Carballo / La Voz

Un lienzo en blanco o, en este caso, una pared virgen, son para los vándalos lo que un caramelo a un niño: el cebo perfecto, la oportunidad de hacer de las suyas sin que, en la mayoría de los casos, reciban ningún tipo de amonestación al respecto.

El repertorio es completo y variado. Desde amenazas e insultos hasta elaboradas declaraciones de amor. La política también se cuela entre los contenidos más frecuentes -Galiza ceive es todo un clásico, como también las alusiones al Che o a la situación venezolana- y asimismo los intentos de crear arte de calidad: siluetas que se quedan en meros garabatos o texturas desdibujadas que duelen a la vista. Y lo peor es que, lejos de extinguirse esta fea práctica, va a más.

En Carballo, una localidad con importantes iniciativas para erradicar el feísmo, (y muy aplaudidas) hay al menos una decena de puntos negros repartidos por lugares recónditos del casco urbano. La biblioteca Rego da Balsa comenzó a sufrir de esta lacra antes incluso de su apertura, y hoy se consolida como uno de los lugares de más actividad vandálica. Y no solo por parte de los amantes de la pintura, sino también por los jóvenes que frecuentan la rúa da Estrela u otras los viernes noche y se dejan olvidados sus restos de botellón. Ayer mismo podía verse a las puertas del edificio una bolsa de hielo derretido y dos botellas semivacías.

El entorno de la estación de autobuses y del Parque do Anllóns la situación se repite, en especial en el inmueble que alberga los baños. Y es que los aseos de cualquier edificio público ocupan el primer puesto en el manual del vándalo a la hora de actuar, algo así como el comodín de los destrozos. No hay uno que se salve: los del centro comercial, los de los centros de salud, los de la estación de autobuses... Casi todos se encuentran en estado similar.

Y no solo Carballo sufre de pintadas, sino que también se han dado (entre otros muchos puntos) en los alrededores del faro de Fisterra o del mercado municipal ceense, como también en el ambulatorio. Proliferan en rincones escondidos, en áreas alejadas que protegen a sus autores ante su falta de civismo. Sin embargo, lo que preocupa no es la extensión de esta práctica, sino la falta de actuación ante ella.

Ignorancia e incivismo, juntos de la mano

Marta López

Una semana después y la resaca de fin de año es aún palpable. La noche del cambio de año ha estado siempre rodeada de una especie de aura mágica que convierte en especial cada mínimo detalle: la ropa ha de ser elegida para la ocasión, el menú deberá estar a la altura y hasta hay un decálogo de supersticiones que, en caso de no cumplir al dedillo, uno pensaría que acaba de ganarse siete años seguidos de mala suerte.

Todo puede pasar en la noche del 31, ya que el alcohol y la fiesta no son buenos aliados con el civismo. Es rara la mañana de Año Nuevo en la que edificios, vehículos, calles o diferentes piezas de mobiliario urbano no amanezcan dañadas por los vándalos. Las papeleras son un clásico, como también bancos o portales. Baños públicos, cajeros automáticos y cabinas telefónicas completan el listado. Además, hay que mantener los ojos bien abiertos para no precipitarse sobre una bolsa olvidada del botellón o no cortarse con un cristal roto.

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