El debate de los cables, enterrado


Los que vivimos en Carballo o pasamos muchas horas en la localidad estamos viendo cómo se cablea, una vez más, por todas partes. En la era de los grandes avances de la comunicaciones, lo que foi polo aire e veu polo vento está muy bien, pero la fibra es la que manda, como en los mejores alimentos. Así que, tanto por el casco urbano como en parroquias próximas estamos viendo a operarios contratados por grandes compañías como Movistar y Orange ampliando su red. Los primeros, en aéreo, y los segundos, en las canalizaciones, método este usado hace ya unos años por R. Es una suerte, para no levantar de nuevo. Lo mejor de canalizar es que no se ve, pero antes las obras molestan como todas. Recuerdo un debate plenario de hace ya mucho tiempo en el que el exregidor de Vimianzo no acababa de ver claro eso de colocar la fibra de R porque suponía levantar de nuevo medio pueblo, donde ya se había urbanizado.

Lo que ponen de manifiesto estas inversiones es que el debate de los cables está enterrado. No lo hay. Ni del telefónico, ni del eléctrico. No es fácil, ni barato. Tirando una vez más de recuerdos y de alcaldes, el anterior de Fisterra contaba la gesta que suponía poner bajo tierra la línea que sube hacia el faro. Tocaba varias Administraciones y todo eran problemas. Y gastos. Hasta desanimar. Claro que también desanima regresar de un viaje y ver que seguimos en la dirección contraria, tanto de árboles en las calles como de tendidos a la vista». El arquitecto Carlos Fernández Coto señalaba en un artículo que «á marxe de se é bonito ou feo, o que si é certo é que nos países culturalmente máis avanzados non os teñen á vista». Nunca ha sido una prioridad, ni una demanda social. Antes que la estética, lo que se ha mirado es tener servicios, y estos han llegado muy tarde comparado con otros puntos de Europa. Hace 31 años llegaba el alumbrado público a mi parroquia, como para decirles que los cables no estuviesen a la vista.

Por todo esto y mucho más, que los vecinos de Rus hayan decido solicitar varias veces la retirada de los cables que ensucian la vista de su magnífica iglesia es todo un soplo de aire fresco. Que el Concello vaya a acometer esa obra con cargo al dinero provincial, otro soplo más. Si el ejemplo cunde, el dinero llega, y los vecinos lo piden, con el tiempo estaremos hablando de que desaparece un problema en las calles, o al menos en los puntos de interés. Pero no lo tengo muy claro. Aún queda la larga batalla del saneamiento y del abastecimiento. El de la zona litoral de Carballo va a empezar ahora. Me gustaría saber lo que piensa Pedro González Vieites, quien ya en el 2002 reunió firmas para pedir al gobierno local que impulsase esas infraestructuras. Al fin llegan. A ver si caen algunas más por los tendidos y en 15 años hablamos y, de paso, miramos atrás.

Por Santi Garrido CIUDADANA

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