La Navidad que queremos


Definitivamente los Reyes Magos han perdido la batalla frente a Papá Noel. El regordete bonachón vestido de rojo por Coca-Cola años ha se ha merendado de una sentada a Sus Majestades, cuyo único cometido parece ser poner fin a las vacaciones escolares de invierno.

No ha sido la única víctima de la americanización a la que se entrega nuestra sociedad encantada de que sus calles se parezcan a las que ve en las películas. Los belenes han sido ya desplazados por el abeto adornado, tan ajeno a nosotros, pero presente incluso en nuestras fotos infantiles, descoloridas por las cinco décadas que han pasado.

No es la Navidad el único tiempo que las costumbres de allende los mares nos han robado. Ahora todos sabemos qué día es Halloween y cuando hay que celebrar Acción de Gracias, que solo hay que saber un poco de historia para darse cuenta de que nosotros no tenemos arte ni parte en este asunto.

Ni se cantan ni se escuchan panxoliñas más que por parte de coros que concursan o actúan y el bacalao con coliflor ha sido sustituido por el marisco o las delicatesen que venden en los supermercados de origen alemán o francés. Ya nada parece nuestro, ni el encendido de los arcos de luces en Carballo, que parece traspuesto desde Nueva York.

De poco ha servido que de un rincón del baúl de la bisabuela se sacaran el Samaín y el Apalpador, en un vano intento hacer frente a las costumbres anglosajonas con las que machacan día tras día del modo más variado.

Lo decía el domingo Jaime Izquierdo, que hoy estará en el Casino de Carballo. Los pueblos del rural son distintos entre sí, tienen sus diferencias, su idiosincrasia. El sistema económico lleva ya muchos años llevándose a sus habitantes a la ciudad, donde todo es uniforme, y lo que queda se está viendo amenazado por un turismo capaz de hacer cola para pasear por una playa o sentarse en un banco. Dicho así parece ridículo, pero es tan real como que Papá Noel nos está hurtando la historia de la anunciación, el misterio de la concepción y el viaje revelador y la presentación en el pesebre. Los Magos tienen una tradición y un relato extraordinariamente interesante a sus espaldas. Todo lo que rodea el Nacimiento es de una complejidad no apta para tiernos infantes como lo es el bobalicón y simple Papá Noel, que no sabemos si se llama así o Santa Claus, cuando al parecer era San Nicolás. De tres personajes de tres países y culturas distintas hicieron un gordinflón de pelo blanco al servicio del márketing y para mentes que no quieren complicaciones, sobre todo si han de venir de Oriente. No hay Apalpador que lo pare.

Autor crÓNICA CIUDADANA

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