«La medicina es maravillosa, poder ayudar a la gente, y a veces lo logras»

El carballés, jefe de sección en el Chuac, es uno de los mejor valorados de España en la clasificación de Top Doctors


carballo / la voz

El otorrinolaringólogo Juan Jesús Herranz González-Botas se ha colocado este año en la lista de los 50 mejores médicos de España que elabora el directorio Top Doctors, gracias a las valoraciones de compañeros y pacientes. Una clasificación en la que también figura otro gallego, el coruñés Diego González Rivas.

Herranz (Carballo, 61 años), es jefe del Servicio de Otorrinolaringología en el Chuac, donde trabaja desde el 4 de enero de 1982. También es profesor asociado de Ciencias de la Salud desde hace ocho años en la Universidade de Santiago. Ha realizado estancias en la clínica Mayo (tres meses en el año 90) o en el Memorial Sloan Kettering, entre otros, además de publicar numerosos artículos sobre su especialidad. Presume de lugar de origen: «Cuando me preguntan, siempre digo que soy de Carballo», y destaca la calidad de varios médicos del Chuac con la misma procedencia y el vínculo que los une.

-¿Qué sensación le produce estar en ese top médico?

-A nadie le amarga un dulce. Otra cosa es que te lo creas. Hay médicos como yo, un montón, afortunadamente, y mejores, también. Digamos que yo estaba en el momento adecuado en el sitio correcto, y por la razón que sea, salí yo. Pero la medicina no es una competición, en la que marcas tantos goles o eres el primero. Son cosas muy subjetivas de la gente que ha votado, y yo encantado, porque son profesionales que te votan, pero tampoco hay que creérselo demasiado. El carballés Paco Pombo, por ejemplo, es un referente, y poca gente habla de él. Pero esto me hace sentir muy bien, claro. Y es de agradecer. Pero somos muchísimos más, y mejores que yo, también.

-¿Cómo recuerda sus primeros años en Carballo?

-Yo estudié primero en las monjas de Carballo. Una compañera de pupitre era Ana Mariño, hija de Mariño el médico, y que es una doctora muy buena. Después estudié en la Esteco, y uno de los compañeros también es médico de los de más prestigio de Carballo, el radiólogo Paco Pombo. Y también estuve en la de Pallas. Mi vida es Carballo, viví siempre allí hasta los 17 años. Con esa edad me fui a Estados Unidos, un año, y luego estudié en la Universidad de Pamplona. Después me vine a A Coruña, pero sigo vinculado a Carballo, a donde voy dos o tres veces por semana. Tengo una consulta, voy a ver a mis padres, que llevan 64 años casados, a mis hermanos...

-¿Cuál es su procedencia familiar?

-Mi abuelo era Domingo Botas, un personaje de Carballo de aquella época. Tenía un almacén de coloniales. En Carballo nos conocían por eso, y nos llamaban los maragatos, porque mis abuelos venían de Castrillo de los Polvazares, en León. De ahí proceden los Botas. Herranz, mi padre, llegó de Porriño, pero a su vez es un apellido de Pinar Negrillo, en Segovia. Y mi madre era carballesa. Yo nací en Santiago, donde estuve hasta los 6 años o así, y desde entonces vivo en Carballo, por eso soy de Carballo de toda la vida.

-¿Qué imagen guarda de la infancia y primera juventud en Carballo?

-La recuerdo como un sitio, para mí, fantástico. Irnos a bañar al Bosque, las cachelas, ir a las rozas, comer las patatas con los chorizos... Ahora no, pero antes, los chavales nos reuníamos todos en el jardín, en los bancos de piedra. Cada pandilla tenía su banco, y allí charlábamos, comíamos pipas. Junto al Copacabana contábamos nuestras historias. Recuerdo el Ayuntamiento, en el sitio que tenía antes, frente a la de San Ramón. Era el núcleo donde se organizaba todo. Recuerdo los paseos de los abogados, por el jardín... Tengo un recuerdo maravilloso.

-¿No le da pena que se hayan derribado tantos edificios de la época?

-Sí. Como el Campo de la Condesa, donde jugábamos al fútbol, en los Baños Vellos, en los nuevos... En los frutales de los jardines cogíamos la fruta. Decíamos: vamos a atacar la huerta de, por ejemplo, doña Trina. O de otro. Con 10-11 años, saltando murallas, para que no te viera nadie, el miedo a que te pillaran. Sí te da pena, porque son los recuerdos que marcan tu infancia. Ahora es todo diferente, lo nuevo ya no te genera tanto apego como las cosas antiguas en las que has crecido.

-¿Por qué decidió estudiar Medicina?

-En mi familia hay dos médicos que son hermanos de mi padre, pero yo creo que, de lo que había entonces, lo que más me tiraba era la medicina. Y nunca pensé en hacer otra cosa. Siempre pensé en medicina. No fui un excelente alumno de medicina. Uno de esos tíos médicos me reñía por las notas, y yo le decía, déjame acabar, a mí esto me gusta, y creo que lo puedo hacer bien. Pero la física y la bioquímica no se me daban muy bien. Pero con los años y el sentido común ya te tomas las cosas de otra manera. Esta es una profesión maravillosa, poder, intentar ayudar a la gente, y a veces lo consigues, es una satisfacción muy grande.

-¿Por qué hizo la especialidad de otorrino?

-Porque cuando preparaba el MIR vino un otorrino a darnos las clases, y vi que era bonito. No es solo cirugía, aunque tiene una parte importante, pero también una parte médica que es la otoneurología, etcétera. Partes muy diferentes. Además, en el Chuac tenía mucho prestigio, lo sigue teniendo. Así que entre una cosa y otra, me decidí.

-¿No cree que es una especialidad más desconocida que la mayoría?

-Completamente de acuerdo. El otorrino era el que se dedicaba a las amígdalas y a la nariz. Ahora es una especialidad muy muy amplia, que abarca cosas tan importantes como el cáncer de cabeza de cuello, la cirugía del tiroides -que es a lo que me dedicó sobre todo, oncología y tiroides-; audición, vértigo, implantes cocleares en tratamientos de niños sordos, cirugía de la nariz y de las fosas nasales... Es una cirugía de estética facial, las orejas de soplillo... Un campo muy, muy extenso. Con cirugías muy novedosas. Las robóticas y endoscópicas tienen un área muy importante de vinculación. Es imposible abarcarlo todo, tienes que ir focalizando. Yo me dedico solo casi a cirugía de cuello.

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