El pez grande se come al pequeño


Jornada de mercado en Carballo. El día de más venta de toda la semana. Dos inspectores de la Xunta de Galicia rondan por las pescaderías revisando tamaños, especies y papeles. En más de uno de los puestos echan de menos alguna etiqueta. Las otras andan pegadas a las escamas de los pescados por efecto de la humedad, asoman por debajo de las aletas de un montón de jureles revueltos y acaban arrumbadas en una esquina de la caja amarilla. Falta una etiqueta y la pescadera no sabe dónde está. «Caería», dice. Los funcionarios echan mano de talonario y le dejan un papel rosa. Tendrá que ir a la lonja para que le den un justificante de que la etiqueta existía, pero se perdió y todo en el plazo de 24 horas. Si no lo hace se expone a una multa. La pescadera echa humo por las orejas, pero achanta, mientras atiende a los clientes con el mejor ánimo posible.

Ayer pasaron los inspectores por el mercado y, seguro, todos los clientes tuvieron la sensación de que la Xunta está pendiente de que se cumplan las normas para la protección de la riqueza marina de Galicia.

En Carballo no se presentó la oportunidad de evitar la venta de especies en veda o de ejemplares ovados o demasiado pequeños, pero todo es cuestión de seguir intentándolo.

Más que ir al mercado los jueves podrían ir a los bares de muchos puertos de la zona o al Muro de A Coruña. Poniendo la oreja podrían escuchar como es posible que por determinada lonja pasen toneladas de determinados pescados cuyo aspecto ni siquiera se conoce.

Podrían enterarse del procedimiento por el que el pescado que está en la bodega y cuyo cupo está cerrado se transforma en otro por arte de magia, con solo escribirlo en la guía de descargas.

También podrían dedicar su tiempo a saber el motivo por el que en la lonja de Malpica alcanza el pescado y el marisco precios más altos, pero la mayor parte de los barcos prefieren vender en otras lonjas o la razón por la que en cuanto los armadores tuvieron el dinero del Prestige lo primero que hicieron fue comprarse coches para llevar sus capturas al Muro o el motivo por el que rulas de la zona incrementaron su éxito al transformarse en vendedurías.

No está mal exigir etiquetas, pero da la sensación que es quedarse en el detalle sin ir al fondo del asunto. Solo hay que echar un vistazo al funcionamiento de determinadas lonjas para darse cuenta de que ir un jueves a un mercado como el de Carballo es puro entretenimiento.

Capturar al pez grande es mucho más complicado que atrapar al chico, pero el mayor se come al menor, por lo que si lo pillas te haces con ambos.

Autor Cristina Viu CIUDADANA

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