«En Sofán vuelvo a disfrutar del fútbol después de diez años sin hacerlo»

«La escuela me sirve también de terapia. Quiero que los chavales solo piensen en jugar y en disfrutar del fútbol», asegura Matías Navarrete


Su historia recuerda a la de muchos deportistas que apuntaban muy alto, pero que, por causas ajenas al propio deporte, vieron truncados sus sueños e ilusiones. Verdaderos juguetes rotos. La de Matías Navarrete Gurgone es un buen ejemplo. Un mediapunta prometedor y con clase, nacido en Buenos Aires hace 30 años. De padres argentinos, pero de ascendencia aragonesa y siciliana, Matías despuntó muy pronto en el fútbol. Entró a formar parte de la cantera del histórico Boca Juniors y fue profesional con 19 años. En La Bombonera coincidió con Gago, Banega, Rocaglia, Monzón... La exitosa generación del 87. Llegó a entrenar con el primer equipo, que por aquel entonces preparaba Alfio Basile: «Aquel entrenador confiaba en mí, yo era todavía una promesa, pero jugaba con todos aquellos grandes jugadores», recuerda Matías. La llegada de Ricardo La Volpe frenó en seco su progresión y tuvo que hacer las maletas. «Dejar Boca supuso un golpe muy fuerte y me afectó También pensé que por haber formado parte de Boca me iba a comer el mundo, pero la realidad fue muy diferente».

El Rayo Vallecano estuvo interesado en su incorporación, «pero un problema con el pasaporte, frustró la operación después de varios meses de espera». Debutó en la primera división argentina de la mano del Old Boys. Fue en un encuentro contra el Colón de Santa Fe. A partir de ahí pasó por un rosario de equipos repartidos por las ligas de Hungría, Grecia, Luxemburgo, Portugal... Y de España. Estuvo en el Bergantiños (2015) y el Ordes antes de recalar en el Sofán, de Preferente autonómica.

Su relato deja bien a las claras que hay otra cara del fútbol fuera de las cámaras, el éxito, los contratos millonarios y los autógrafos. Y eso que Matías llegó a jugar contra Messi cuando este militaba en Newell’s. «Existe una parte ajena al fútbol, que no es beneficiosa. Te genera una presión y una competitividad que dejas de ver el fútbol como algo divertido. Todo consiste en ganar, meter goles y ser el mejor», argumentó Matías Navarrete. Y añadió: «Recuerdo cuando fiché por el VTK Diosgyori de Hungría. El presidente me alabó públicamente por el fichaje, pero sentí la presión por el esfuerzo que el club había realizado por traerme y todo eso supuso una carga que no daba superado. El fútbol llegó a ser más una presión que una diversión».

Bergantiños

Llegó al Bergantiños a mitad de la temporada 2015/2016. «Recuerdo que el equipo andaba muy mal, peleaba por no descender. Siempre les agradeceré que me hubieran fichado, pero fueron seis meses en los que cada partido era una batalla por la permanencia». Ahora recala en el Sofán, club para el que solo tiene buenas palabras: «En el Sofán vuelvo a disfrutar del fútbol después de diez años sin hacerlo. Esa es la mejor terapia». Y es que los sinsabores y las zancadillas de todo lo que merodea al deporte rey le supuso a Matías llevar una pesada mochila sobre sus hombros: «Fui a terapias y psicólogos para poder superar todo aquello».

Pero, de alguna forma, tenía la necesidad de trasladar esa experiencia a los más jóvenes: «Decidí crear una escuela de fútbol. Me dijeron que no tendría éxito porque en Carballo ya había varias. Pero insistí en hacerla. Primero tuve un niño, luego dos... Hasta que un día me encontré con Manuel Cantelar y le explique mi proyecto y él y el club Un paso máis me apoyaron sin fisuras». Así surgió la escuela de fútbol Un paso máis. Ocurrió en agosto del 2016. Tras 15 meses operativa, Matías no puede estar más satisfecho: «Personalmente, me sirvió también de terapia, para volver a recuperar la esencia de este deporte tan maravilloso. Y todo eso es lo que trato de explicar todos los días a los chavales: la educación y los valores a través del deporte. El deporte como diversión». Y añadió: «Hay que erradicar las presiones innecesarias, la competitividad mal entendida, el yo soy mejor que tú y fomentar el compañerismo». Muchos padres creen que tienen un Messi o un Cristiano Ronaldo en casa: «Es un gran error, es meter presión innecesaria a un crío que solo tiene que estudiar y divertirse». Y argumentó: «Trato de explicar a los chavales todo lo concerniente al fútbol, lo bueno y lo malo, pero desde un prisma personal, para que comprendan que no es todo tan perfecto».

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