Tres días, dos sustitutas


La gerencia de Xestión Integrada del área sanitaria de A Coruña, de la que es responsable Luis Verde Remeseiro, se comprometió a mediados de octubre tanto ante varias madres como ante el alcalde de Carballo, Evencio Ferrero, que cuatro pediatras atenderían a los poco más de 4.000 menores de 15 años que hay en el municipio de Carballo. Ayer mismo, menos de un mes después del compromiso ya solo eran tres y todavía se desconoce cuántos serán hoy. No es la primera vez que la figura del especialista en medicina para niños, que debería ser tan humana y tangible, se torna volátil e incorpórea. Muchas madres y personal sanitario recuerdan sustituciones de una sola jornada, algo que parecía olvidado y que vuelve a ser una atroz realidad.

En los tres primeros días de esta semana, dos pediatras sustituyeron la baja de otra. Una de las médicas estuvo dos días y la otra, uno. Ayer la consulta estaba vacía.

La medicina no es cuestión de números aunque lo parezca. Lo importante no es si hubo dos sustitutas, si son cuatro los especialistas y ni siquiera si son 4.000 los potenciales pacientes. Lo importante es que hay niños que en sus primeros seis años de vida han pasado por las manos de decenas de facultativos, que tienen que enfrentarse a historias nuevas y que solo tienen unos minutos para atender a niños que ven por primera vez en su vida.

Hay que tener mucho valor o mucha necesidad para estar un solo día viendo a críos enfermos de los que no sabes prácticamente nada. Yo creo que así no se puede, que ni están cómodas las madres, ni los niños, ni los pediatras.

Lo peor del caso es que la calidad de la asistencia sanitaria se ha convertido en los últimos años en una auténtica ruleta que, en el peor de los casos es rusa. Si te toca el pediatra que no enferma tendrás el servicio adecuado, pero si te ha correspondido la profesional que tiene problemas graves debes saber que su salud dependerá de personas distintas, unas buenas y otras malas, pero todas desubicadas.

Para tener una atención de ciudad hay que irse a la ciudad, donde el mismo pediatra verá a tu hijo, salvo que enferme y cuando se vaya de vacaciones, y lo mismo ocurrirá con el médico de familia, porque a la mayor parte de los profesionales no les gustan los pueblos y quieren vivir en una urbe, con sus servicios y cerca de un hospital. Todos querríamos.

Los vecinos de la zona rural son contribuyentes de segunda, con menos y peores servicios, sobre todo a nivel sanitario y educativo. Aquí cambian los médicos y los profesores continuamente. Es un lugar de paso, un purgatorio por el que hay que pasar para conseguir el destino soñado. Y mientras la zona se desangra y la Administración lo permite y alienta.

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