De Galicia


Amediados de septiembre la dirección del instituto Alfredo Brañas de Carballo tuvo una idea brillante. Ilustró las contrahuellas de las escaleras que llevan a las aulas con nombres de personajes insignes. Evidentemente hubo que hacer una selección porque escalones no hay tantos y cada departamento hizo su contribución. Las que consideramos que el feminismo gallego y español tuvo en Emilia Pardo Bazán una grandísima valedora echamos de menos una figura que echó por tierra muchos prejuicios y abrió caminos para todas, pero había que elegir y hay otros nombres muy importantes.

Hurtar a los estudiantes el nombre de una gallega tan importante en muchos sentidos llama la atención, pero no es lo más grave. Lo realmente llamativo del caso de las escaleras del Alfredo Brañas son los fallos. Si son errores, malo y si no lo son, peor.

Junto al nombre aparecen las fechas de nacimiento y muerte y la nacionalidad. A los gallegos se les distingue como tales, pero no a todos. Así, la insigne Concepción Arenal, de Ferrol de toda la vida, aparece como española, pero Rosalía es gallega.

No es el único caso y, desde luego, no el peor. Camilo José Cela tampoco ve reconocida su procedencia de Iria Flavia, donde lo parió su madre en 1916. Incluso el arousano Valle Inclán aparece como español, frente a los gallegos Carlos Núñez o Ángel Carracedo.

O los docentes del Alfredo Brañas merecen un muy deficiente o han optado por conceder el estatus de gallego a quien ellos consideran oportuno. En ambos casos, la cuestión es muy grave porque trabajan con material muy sensible y no están a la altura.

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