«Mirei para o ceo e dixen: 'Adiós mundo para mí'. Non sabía nadar»

Carmen Varela: «Gustaríame ter sido costureira para facer vestidos. Gustábame moitísimo a roupa, pero eramos seis irmáns e meus pais non podían»

«Mirei para o ceo e dixen: «Adiós mundo para min. Non sabía nadar» Carmen Varela Campos naceu hai oitenta anos en Constenla. Filla de carpinteiro e tecelá, foi percebeira e recolleu mexilón en Baldaio e Caión

Carballo / la voz

«Por dúas veces houben de afogar. Nunha delas pasoume unha onda por riba e reviroume. Non había moito fondo, pero os percebes pesaban e ía para o fondo. Collín moito medo, pero houbo que seguir indo». Así explica Carmen Varela su primer susto serio en el mar. Después tendría que venir otro que fue peor. Esa vez sí creyó morir. «Foi fatal, quedei parva. Foi o susto», explica. Fue entonces cuando desde el mar miró al cielo y dijo: «Adiós, mundo para mí», así en castellano. La frase puede parecer de telenovela, pero el miedo es real, aunque no tanto como para que Carmen siga, a sus 80 años, atraída por el marisqueo. «Se me deixaran aínda ía aos percebes», dice mientras se encarama con agilidad a las rocas.

Hija de una tecelá, primero intentó el oficio de su madre, pero «non me gustaba e daba pouco resultado» y acabó compaginando el trabajo del campo con la recolección de percebes y mejillones. «Non había ninguén asegurado e cada quen tiña os seus clientes. Os xoves e os domingos iamos a Carballo andando a vender», explica. Eran dos horas de camino cargada con dos o tres kilos de crustáceos y 10 0 15 de bivalvos. Las ganancias eran buenas, mejores que cuando el marisqueo se reguló, se repartieron carnés entre los profesionales y pasaron a vender en la lonja de Caión.

Aún guarda en una carpeta los permisos de explotación y la memoria las dos multas que le pusieron por irregularidades. Podrían haber sido más porque ella misma confiesa que llevaban unos percebes a la rula y dejaban otros tantos escondidos para sus clientes habituales, una práctica muy habitual.

Su marido, José Montes, era marinero y también buen bailador. «Loqueaban con el para unha xota ou unha muiñeira e viñeron señores de Ferrol para velo», explica. Se refiere a un grupo de investigadores que estuvo en la zona recogiendo cantares y bailes de A Imende.

Probablemente fueron las dotes de bailarín de José Montes lo que atrajo a Carmen Varela. Se casaron jóvenes y tuvieron dos hijas y ella tiene ya una bisnieta. A pesar de eso y los 8 decenios que carga sobre sus espaldas, Carmen Varela no ve el momento de ir a bailar.

En Imende dicen que si el Concello de Carballo llevó las fiestas de los mayores de nuevo por los centros sociales fue debido a la insistencia de esta antigua percebeira, que es miembro del consello parroquial y cuya principal demanda fue precisamente la velada animada por un dúo. Fue precisamente A Imende la zona que abrió el nuevo calendario.

Tiene en la cabeza todos actos festivos que hay en el entorno, pero también en Lugo y otros puntos, y dice que se mudaría con gusto a A Laracha, «polo baile e pola misa», porque tiene que caminar bastante para ir a la de Noicela. Si tuviera quien la llevara a las celebraciones no estaría barruntando el modo de trasladarse a una localidad más grande, para tener mejor acceso a la fiesta y a la religión.

Mientras se entretiene trabajando en su huerto y viendo los problemas que tiene el lugar para hablar de ellos al alcalde. «Non me gusta a traída de auga», dice, y se queja también del mal estado en que se encuentra la carretera que une A Imende con la zona de Noicela. Seguro que será un tema que saldrá en la próxima reunión.

«Quitaron moitos camións de area, non deixaban durmir. Foi moito negocio»

El lugar en que vive Carmen está asomado a la laguna de Baldaio, uno de los puntos emblemáticos de la historia de Carballo. Hace más de 40 años hubo una revuelta popular para recuperar el uso de la zona, que estaba bajo una concesión como criadero de peces y mariscos, pero que solo se utilizaba para extraer áridos. Carmen no estuvo ese día en la playa porque esa fue una batalla más de los de Lema que los de Imende, pero recuerda ese tiempo.

«Veu ese señor Ferreiro, con Canedo, que era médico, e traballaron moito aí, fixeron moitos cartos. Quitaron moitos camións de area, non deixaban durmir. Foi moito negocio», recuerda Carmen.

La laguna es distinta a como ella la recuerda. La actividad ilegal de la empresa Baldayos S.A. cambió completamente la fisonomía de la marisma. «Antes había moitísimas vacas a pastar en Rebordelos e xa non hai unha», explica.

Os Milagres

También las fiestas que tanto le gustan mudaron completamente. En esa parroquia siempre han tirado más hacia A Laracha que hacia la capital municipal. Así, el momento más importante del año era la romería de Os Milagres. «Alí había orquestras», en tanto que en la parroquia tenían que conformarse con unas panderetas, aunque a ella poco le importa el instrumento si le sirve para bailar.

Carmen también se queja de que en las aldeas cada día queda menos gente. Si tuviera dinero, dice, iría probablemente a una ciudad, pero los seis años que cotizó a la Seguridad Social, como percebeira y en una factoría de Sabón, no fueron suficientes.

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