«Siempre digo que soy de Costenla»

Hace 15 años encontró una finca en este lugar de Rebordelos, en Carballo. Se enamoró de ella, de sus vistas y de sus vecinos. Ahí levantará su futura casa

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carballo / la voz

Gosia Trebacz, pintora y sobre todo artista multidisciplinar, es de Cracovia. Nació hace 46 años a pocos metros de la catedral de la antigua capital de Polonia, y es además una de las ciudades más bellas del país, si no la que más. En plena región histórica y sentimental (administrativa, ya no) de Galitzia, por lo que habitualmente suele ser citada como la Galicia polaca. Pese a mantener fuertes sus raíces, y tras haber viajado por todo el mundo, su vida está totalmente ligada a esta Galicia, donde lleva ya veinte años. Y a Costenla, un lugar de la parroquia carballesa de Rebordelos del que está enamorada. Conocer el sitio fue un flechazo, y el amor se mantiene desde hace 15 años. Gosia está decidida a que siga el resto de su vida.

¿Y cómo llega una polaca a este litoral, desde el que se disfrutan algunas de las mejores vistas de la laguna y la playa de Baldaio, además de todo el valle anterior? La historia empieza en Madrid, cuando ella y su marido se trasladan a Galicia. Fue por motivos laborales, pero ya había una conexión, sentimental y familiar, con el norte. La abuela paterna de su esposo, Carmen Varela Canosa, había nacido en A Biqueira, un lugar de la parroquia de Nande, en Laxe. Se casó con un cántabro, y su hijo, el suegro de Gosia, siempre mantuvo ese nexo. Cuando la pareja se estableció en Galicia, la familia incentivó -o reactivó- esa relación, buscando orígenes, lugares físicos, árboles genealógicos.

Establecieron su vida en A Coruña y su entorno, entre Santa Cristina y finalmente Culleredo, pero la costa les tiraba mucho. Un día, buscando una parcela (en realidad, fue mucho tiempo buscando), apareció la de Rebordelos. «Fue como un efecto imán», confiesa. Ese vínculo ya se mantuvo firme. La infancia de sus hijos, ahora adolescentes, está ligada a este lugar, desde los paseos junto a las dunas hasta las clases de surf. Y se mantiene hoy en día, tanto en Razo como en Caión y su entorno. «Las marismas, la playa de Razo y Baldaio, toda esta zona es de lo más bonito que hay, y hemos viajado por todo el mundo», asegura.

Por eso, tras mirar aquí y allá, supieron que Costenla era su lugar, y descartaron otras opciones del interior de la provincia. «Nos tiraba el mar, pero junto al mar no se puede construir, y donde está la finca, sí». Cuando todo estaba listo, estalló la crisis. Su marido, arquitecto, trabajaba en un sector que la notó mucho más, y tuvo que cambiar de aires, con frecuentes y necesarios viajes. Así que el proyecto quedó aplazado. La casa la vamos a hacer. Yo siempre digo que soy de Costenla. Esta es mi casa, esto es mío. El lugar es maravilloso y los vecinos son maravillosos». Algo que se constata cuando se pasea junto a ella por el lugar y se observa cómo reaccionan al verla, plena complicidad. En la finca, de momento, tiene una gran tarima con banco para disfrutar del paisaje. Y árboles, como un limonero que da buenos frutos y un castaño con castañas que parecen mandarinas. «Lo planté cuando era una rama pequeñita, ¡y mira!», presume. Ha crecido mucho y rápido.

En el plano artístico, Gosia, que acaba de cambiar de estudio-taller (lo abrió justamente esta semana en Eirís), camina por numerosas disciplinas. Es pintora sobre todo, conceptual abstracta, aunque haya pasado por el impresionismo o el expresionismo (en la Red pueden verse algunas de sus obras, además de la gran cantidad de exposiciones en las que ha participado y los premios recibidos), y además da clases de pintura, pero ahora trabaja en campos que unen más especialidades: la pintura, la fotografía, el diseño gráfico el baile... Precisamente ha rodado un corto con dos bailarinas («dos sereas») en Baldaio, centrado en la Costa da Morte, de nuevo con la coreógrafa y bailarina Kirenia Celia Martínez Acosta, que siempre colabora con ella. También se centró en la organización de Barbarart, que se llevó a cabo en el muelle de Caión el año pasado con varios artistas. Y quiere hacer algo más, interactuando siempre, en un lugar de la Costa da Morte que está buscando. Mientras, no para de indagar en la historia, antropología y etnografía de Galicia (entiende y lee gallego y le gusta que se lo hablen), que le fascinan, «ese magnetismo que recorre las venas» en lugares que le impactan, por ejemplo los castros. Que también son arte.

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