¿Crónica de un cierre que ya había sido anunciado?

Los trabajadores de la planta de Calvo en Esteiro llevan años oyendo rumores sobre su clausura

M.S.
Ribeira / La voz

Cuando a finales de la semana pasada el grupo conservero Calvo anunció el cierre de sus instalaciones en Esteiro y el traslado de toda la producción y la plantilla a la fábrica de Carballo hubo en Muros quien apuntó a que este desenlace de veía venir. En los últimos años, la actividad en la planta muradana se ha ido reduciendo poco a poco, y esta situación ha provocado que los rumores de cierre sobrevuelen desde hace años la factoría.

Quizá como en el cuento, después de tantas advertencias sobre la clausura de la planta, el anuncio de la empresa fue una sorpresa para los trabajadores, que no dieron demasiado crédito a los rumores que circulaban en las últimas semanas. Pese a ello, la crónica de los últimos años de actividad en las instalaciones podría leerse como el anuncio de lo que se avecinaba. De hecho, hace 11 años la plantilla ya se movilizó para evitar el cierre, y eso que entonces Calvo les aseguró que la clausura de Esteiro no entraba en sus planes. «Daquela armouse moito lío. Baixara bastante a produción e había medo a que pecharan, pero nunca dixeron que foran facelo. Levarei 27 anos e desde o primeiro houbo rumores de que había perdas, e sempre fomos tirando. Agora é distinto», comenta el presidente del comité, Diego Caamaño.

La preocupación de los trabajadores en el 2006, que derivó en protestas que incluso llegaron a San Caetano, venía por los movimientos de la empresa para trasladar la línea de envasado de vidrio a El Salvador. Entonces, eso se interpretó como el primer paso de un proceso que llevaría a dejar sin actividad la factoría ubicada en el municipio muradano, y lo cierto es que, con el paso del tiempo, otras líneas de producción corrieron la misma suerte: «Tiñamos medo de que pasara o que pasou agora. Canto menos fabricación, menos beneficios, iso sábeo calquera», apuntaba otro trabajador.

Explican quienes conocen la realidad de la factoría muradana que los rumores de cierre les han acompañado prácticamente desde siempre, igual que las noticias por parte de la empresa hablando de pérdidas. En ese caldo de cultivo surgieron en el 2010 comentarios relacionados con la venta de las instalaciones a la Organización de Productores Mexilloeiros de Galicia (Opmega).

Según se publicó entonces, se valoraba la operación en 550.000 euros y, aunque no llegó a materializarse, los empleados temieron seriamente por su futuro, un miedo que regresaría cuando abandonaron el mejillón.

Hace dos años

En 1995, después de diez años implantada en Muros, Calvo elaboraba en la factoría mejillón, sardina y calamar y contaba con una plantilla que oscilaba entre los 179 y los 300 trabajadores, sumando a los eventuales. En la actualidad, son un centenar los empleados afectados por la decisión de trasladar la producción a Carballo y la actividad en la planta de Esteiro se reduce a la limpieza de lomos de atún. Explica Caamaño que hace un par de años que la instalación se convirtió en una lomera: «Levaron o mexillón porque tiña un custe moi elevado e déronnos tres opcións: pechar -algo que practicamente descartaban- desprazarnos a Carballo ou converternos nunha lomera».

Esta tercera vía fue la elegida, pero ahora Calvo argumenta que ha perdido competitividad y apuesta por concentrar su actividad en la capital de Bergantiños, algo con lo que no comulga el comité: «Non queremos que peche, miraremos o que haxa que mirar para tratar de evitalo».

«Se pecha, non vai haber fábrica para ninguén, ninguén vai vir traballar aquí»

M. GÓMEZ

Aunque el presidente del comité de empresa asegura que el objetivo es evitar que la planta de Esteiro eche el cierre, entre los trabajadores cunde cierto desánimo. Con todo, entre los operarios no faltan personas dispuestas a pelear por evitar el final de la factoría, como José Freire: «Imposible non hai nada, a batalla que se perde é a que non se dá e hase facer o que se poida para que non peche».

Freire, que forma parte del comité, también convive con los rumores de cierre desde hace años y asegura que «queima moito, dáslle moitas voltas á cabeza». Reconoce que, en este momento, «non pinta ben a cousa» y que los trabajadores todavía están asimilando la noticia: «Non sabemos aínda moi ben como imos actuar, é certo que quedas en shock».

Pese a ello, considera que hay muchas razones para luchar por la continuidad de la fábrica: «Queremos que non peche, non só por nós, tamén hai moita xente que é eventual. E tamén polo futuro. Se pecha, non vai haber fábrica para ninguén, ninguén vai vir traballar aquí e en Muros non hai outra cousa». Freire reclama unidad para hacer frente a la crisis.

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