La antigua mina de Santa Lucía es ahora un museo del mar y natural

La explotación de cuarzo, en manos privadas, ha sido totalmente regenerada

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Carballo / La Voz

La antigua mina de cuarzo de Santa Lucía, entre Artes y A Brea, en Carballo, es ahora casi un museo natural y del mar, aunque en manos privadas. Su propietario, José Antonio Lema Martínez, ha invertido casi un decenio en realizar un cuidadoso trabajo de restauración, costoso en obras y dinero. Desde plantaciones arbóreas, que aún siguen en marcha, hasta el mejor aprovechamiento de los espacios, con nuevas vías, zonas ajardinadas, las tres lagunas y diversos elementos marinos que le aportan una estética peculiar en lo alto de un monte que se fue quedando sin cima tras muchos años de explotación. En efecto, Lema, propietario de una empresa de desguaces con base en A Revolta-Carballo, ha aprovechado algunos elementos de barcos que tuvo que despiezar para que sirvan de atractivo estético.

Entre ellos, el puente de un barco de pesca de Malpica que en su día se pensó que podría servir de atractivo turístico en Buño, pero que finalmente fue descartado, ahora luce a pocos metros de una de las lagunas. También hay un ancla de otro buque, el Ana María. Y una hélice que logró tras una subasta de la Marina. Todo ello configura un panorama peculiar en uno de los grandes miradores de Carballo. Lema destaca que lo que más trabajo le dio en estos diez años (la mayor parte de las actuaciones se realizaron durante el verano) fue la eliminación de los lodos de las balsas, que además suponían un peligro. Por varios motivos. Recuerda cuando tuvo caballos en esta zona, «como se espetaban», pero sobre todo por el riesgo que podían suponer en grandes crecidas. El ejemplo más reciente de los efectos de la balsas es el de Monte Neme. «Eu o que fixen foi ordenar o que había, e isto estaba feito un desastre», resume.

Toda la superficie ocupa unos 700 ferrados. El acceso principal se realiza desde A Feira de Berdillo, pero históricamente también había una pista desde la zona de A Ponte Rosende. De hecho, este río actúa como uno de los límites. Lema asegura que es llamativo que en esta zona de Carballo tenga acceso al alcantarillado, mientras que en la de A Revolta (en una parte) no lo haya. Y también explica que tiene cuatro naves: la de Carballo, Sabón, Valladolid y Madrid, «pero todos os impostos págoos -dice- en Carballo». Santa Lucía pudo ser en su momento un parque natural público. A principio del 2007, el entonces tripartito carballés negoció con el dueño, a través del edil Manuel Andrade, la posibilidad de obtener esos terrenos, mediante un convenio. Meses después se anunciaba que ese acuerdo quedaría para el mandato siguiente. Y tanto el gobierno como el urbanismo cambiaron.

«De aquí saía seixo moi bo», recuerda uno de los trabajadores

José Antonio Arán trabajó en la mina 25 años, al frente de los camiones. Su mujer, un decenio más, en las oficinas. Así que conoce bien la evolución de la explotación, que en sus últimos años pertenecía a Erimsa (antes, a destacados personajes carballeses y de Coristanco que triunfaron en este tipo de negocios), y que cerró en octubre del 2001, hace casi 16 años. Arán recuerda la calidad de los cantos rodados de cuarzo («saía seixo moi bo») que se extraían con las retroexcavadoras, nunca con explosivos. Evoca imágenes como cuando batían unos contra otros y echaban chispas en la bañera del camión.

El cuarzo de Artes se descargaba en el muelle de A Coruña y viajaba sobre todo a Noruega, para las aleaciones del acero, pero también a otros países, como Italia o Australia. Una vez, 40.000 toneladas a las Antípodas.

La mina era la cumbre de un monte que perdió la altura que tenía, y en su reciente historia también se incluye la llegada de escorias de Ferroatlántica, que generó más de un problema.

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