Venezuela, vista desde Carballo

Inmigrantes y residentes explican cómo ven, desde la distancia, la situación que atraviesa el país

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S. G.
Carballo / La Voz

Son muchos los venezolanos que están viviendo la difícil situación de su país a muchos kilómetros de distancia. Sufren en su piel, en mayor o menos medida, los efectos de la crisis que está atravesando la nación. Desde 2013, Nicolás Maduro preside la República Bolivariana y, según gran parte de los encuestados, la situación de crisis ha empeorado desde ese momento. El líder opositor, Leopoldo López, sigue enarresto dimiciliario. Para Fernando Calvo (Rus, 1971), uno de los participantes en el coloquio, «todo aquel que piensa diferente lo meten en la cárcel».

Manuel Lista Hermo (Negreira, 1942) ha vivido en el país sudamericano durante 45 años. «A Venezuela se lo debo todo. Nos ha recibido con las manos abiertas cuando no teníamos nada», explica. Calvo estuvo 17 años allí y vuelve cada cierto tiempo. «Ahora voy mucho menos porque la situación es muy complicada», asegura.

«Ni comida ni medicinas»

Luis Fraga (Valencia, Venezuela, 1994), nació allí y todavía tiene a parte de su familia en el país. «No tienen comida ni medicinas y se están moviendo por todo el territorio en busca de un buen trabajo», expone el más joven de los participantes, seleccionados al azar, en el coloquio. No es fácil encontrar, en Carballo, a venezolanos favorables a Maduro. Los que se lo han hecho en los contactos previos declinaron participar y no quisieron que se publicasen sus nombres.

Si algo ha quedado claro en estas conversaciones es que las condiciones para vivir en el país no son las mejores. Calvo asegura: «A la gente de aquí le llega tan solo el 10% de lo que realmente ocurre allí a través de los medios. Hay que estar allí para saber realmente lo que se está viviendo. Ya no es solo que no haya medicinas o comida, sino que la situación económica tan pobre que hay propicia la delincuencia».

Lo que aquí es pan comido, allá parece imposible de conseguir. Comida, medicinas, ir al colegio... Son cosas poco sencillas de llevar a cabo.

«Tengo un hermano y dice que la cosa está mal. Tiene trabajo y hay colegios. Sin embargo, los niños ya ni siquiera van a la escuela porque la situación no está como para moverse. Siempre hay huelgas y las cosas no están normales», cuenta Manuel.

Fernando expone: «La gente que tiene capacidad económica para moverse ya lo ha hecho. Emigran a cualquier país. Incluso Latinoamérica, que antes se veía como una región o continente casi tercermundista, ahora se ve como una vía de escape. Hay trabajo, pero no es suficiente lo que cobran para poder subsistir».

Luis confirma lo que explican sus compañeros: «Mi padre, mis abuelos y otros miembros de mi familia están subsistiendo como pueden. En el supermercado le dejan comprar equis cosas. Como seas familia numerosa tienes que repartir mucho la comida y llegas al punto de pasar hambre aun teniendo dinero».

Sobre Leopoldo López, dicen. «No puedo opinar sobre ese asunto porque llevo muchos años fuera. Lo que sí creo que es nadie debería estar preso solamente por tener una opinión diferente al líder», expresa Manuel.

Por su parte, Fernando asegura que «le ha tocado a él, pero le sucede a muchos más ciudadanos que no son políticos y tienen pensamientos contrarios al régimen» del presidente Maduro. «El resto de países se están aprovechando un poco de Venezuela. No es normal que en un país con tanta riqueza, que es el que más petróleo tiene del mundo, se pueda llenar el depósito con facilidad y no haya comida para todo el mundo.» Luis se indigna solo de pensarlo.

Regresar si hay mejora

Manuel está convencido de que si Venezuela «mejora» volverá al país que tanto le ha dado: «Todo lo que tengo se lo debo a Venezuela. Todo. Me fui con una maletita para allá. Tres calzoncillos y dos camisas. Todo lo que tengo se lo debo a ellos y que ahora nadie les ayude... [se emociona]! Me parece vergonzoso», relata. Lleva dos años sin cobrar la pensión. Piensa que si todos las naciones en las que hay residentes con familiares en Venezuela se uniesen y elaborasen un acuerdo para pararle los pies, posiblemente todo fuese distinto. «Llevo 18 años aquí y todavía estoy pensando en Venezuela», explica. «Nos recibió con las manos abiertas cuando no teníamos nada», añade.

«La gente no se preocupa demasiado por el tema. Hay inseguridad y falta de insumos. En realidad no se puede cambiar de país, no pueden irse. Las personas de a pie de calle no podemos hacer mucho, deberían hacer algo los gobiernos, pero le dan la espalda por completo a los venezolanos», explica Mari, quien no quiere dar su nombre completo porque asegura que hay ciertos medios de comunicación que apoyan la situación política venezolana: «Dicen que es fantástica, y obviamente eso no es así», añade.

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