«La masificación nos ha quemado»

Durante más de 40 años ha atendido en la sanidad pública y la privada a dos generaciones de niños carballeses


Carballo / La Voz

Jesús Velo Reguera (Buño, 1954) es desde el pasado 4 de julio un pediatra jubilado. Problemas de salud adelantaron su marcha tras 40 años y 4 meses de profesión, que ha compatibilizado con su pasión: las matemáticas y otros títulos que lo muestran como un hombre extraordinariamente curioso, con los más variados intereses. Ahora se enfrenta a la jubilación con la inquietud que provoca tener todo el tiempo del mundo por delante.

-Nació en Buño, pero se crio en Carballo y ahora vive en Malpica.

-Mi padre fue panadero, marinero y tabernero, murió con 54 años. Mi madre le ayudaba en los negocios. Yo me crie en la rúa do Muíño y estudié en la Academia Leus, pero hice el PREU en A Coruña y la carrera en Santiago.

-Creo que la terminó pronto.

-La hice en cinco años.

-¿Estudió mucho?

-Como un burro. Me obligaron las circunstancias familiares, era imperativo acabar pronto.

-¿Por qué cursó después matemáticas?

-Lo mío eran las ciencias y me apasionaban las matemáticas. Me licencié en el 2004 por la UNED. Ahora estoy pensando, valorando la posibilidad de dedicarme un poco a la docencia. Me agobia el exceso de tiempo libre y a la profesión médica no puedo volver, ni en la pública ni en la privada.

-También es capitán de yate.

-Sí, pero no tengo ni una chalana, ni experiencia. Me interesó por la relación de las mates con la astronomía. Me enganché y lo tengo al día, incluso he estado ayudando a alguien con una carta náutica en el estrecho de Gibraltar. Sin embargo, a parte del cuarto de derrota, en un yate solo sirvo de lastre. También empecé Física, pero lo dejé porque me veían demasiado mayor. He estado en la Escuela de Idiomas e intentando aprender a tocar la guitarra, pero soy negado. Lo que de verdad me gusta es estudiar, le cogí el vicio. Ahora vivo en Malpica y se está bien, pero en invierno me puede dar algo, por eso estoy pensando en la docencia. Los conocimientos no son útiles si no los transmites y yo nunca he sido una rata de biblioteca.

-¿Por qué se jubiló?

-Llevaba 40 años y 4 meses de profesión y estaba agotado, y un par de reveses de salud serios me hicieron tomar la decisión... En febrero pensé que no llegaba al hospital.

-Dicen que los médicos son los peores pacientes que hay.

-En mi caso no hay duda. No haces lo que dices a otros que hagan, pero a partir de ahora me lo tengo que tomar más en serio.

-En cuarenta años habrá visto muchos niños...

-Miles... Vine para Carballo en el año 1981 y he estado ligado a esta villa desde entonces hasta mi jubilación, aunque no siempre en la privada porque en el 2008 fui para Castrillón, en A Coruña, y en el 2015 estuve un año en A Laracha en comisión de servicios. En ese tiempo reabrí mi consulta en Carballo.

-¿Por qué eligió pediatría?

-Dentro de la medicina, las cirugías no me llamaban la atención y le cogí cariño a la pediatría.

-Hay muy pocos especialistas.

-Convocan muy pocas plazas, si ofrecieran más no habría tantos problemas, porque aunque no fuera algo que gustara a todos, sí que la cogerían. En el 78 residentes de primer y segundo año éramos 15 y solo atendíamos hasta los 7 años. Ahora es hasta los 15 y no hay tantos residentes.

-Dice que es una especialidad a extinguir. ¿Es que no hacen falta pediatras?

-No, hay médicos de familia que lo hacen bastante bien, pero no es lo mismo dedicar 4 o 5 años a la especialidad. Por imperativo de Sanidad dejábamos de ver a los niños a los 8 años, lo que era una barbaridad y pasamos a tenerlos hasta los 14 y ahora a los 15. La formación para ello fue totalmente autodidacta. Hay que tener en cuenta que un niño no es un adulto en pequeño, es completamente distinto. La experiencia te va dando pautas de como hacerlo. No tiene nada que ver la recogida de síntomas, el estado general, lo que el niño te enseña, hay que ver muchas cosas...

-¿Veían a demasiados niños?

-En la atención primaria la masificación nos ha quemado, además de hacer que disminuya la calidad de la asistencia. Un abril, no recuerdo de qué año, durante una epidemia de gripe llegué a ver a 79 niños en una jornada. Llegó un momento que andaba como borracho, sin saber ya lo que hacía.

-Eso puede ser muy peligroso.

-He tenido mucha suerte. A veces se ven casos muy graves en la prensa. Es algo que puede ocurrir en esas condiciones. Porque, además, la medicina no es una ciencia exacta.

-Eso resulta poco tranquilizador para un amante de las matemáticas, que son todo lo contrario.

-Muchas noches no he podido dormir deseando ver al paciente al día siguiente. Es lo que pasa en la atención primaria. En el hospital lo tienes controlado, pero aquí se va a su casa y lo tienes complicado. De todos modos, he sido afortunado y en conjunto ha sido una tremenda satisfacción atender a los carballeses, pero también a los vecinos de Castrillón y de A Laracha. Han pasado dos generaciones e incluso tres en algún caso.

-¿Han cambiado las patologías desde que empezó?

-Las orgánicas han disminuido, pero ahora se ven problemas de tipo psicosociales, pedagógicos y psicológicos. Las relaciones de los niños en la escuela y con los padres ha cambiado. De todos modos, cuando yo empecé veía a niños hasta los 7 años y ahora se les atiende hasta los 15. Se ven problemas de estrés y alguno de acoso escolar. Los divorcios de los padres afectan muchísimo a casi todos, pero unos lo llevan mejor que otros.

-¿Cuál diría que es el principal problema de los niños de ahora?

-La obesidad es un gran problema que no estamos solucionando. Es multifactorial y el pediatra puede dar pautas, pero todo depende de la familia y de la parte social. Hay mucha propaganda y el bombardeo es tremendo. Puedes poner dieta, pero es difícil. La incidencia se ha disparado en los últimos años y el futuro es tremendo. También he visto algo de consumo de drogas, tabaco y alcohol, pero no demasiado.

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