Calvo se muestra ante el mundo


Por primera vez el Grupo Calvo ha colgado en su nueva página web el informe anual de su actividad, que no ha sido poca. El informe es fruto, según explica la directora de responsabilidad social corporativa, del compromiso de la compañía «con la transparencia informativa, la comunicación con sus grupos de interés y con las prácticas de reporte responsable».

Así, Calvo se expone abiertamente ante el mundo y muestra incluso el lugar en el que se sientan a la mesa del consejo de administración cada uno de sus miembros.

En el informe se ofrecen los habituales datos económicos, como la facturación neta, que ha sido de récord, o los beneficios, que también han brillado.

Los números son buenos datos para Carballo, pero también para El Salvador, o para Esteiro y para Brasil, porque el mundo es cada día más pequeño para Calvo, cuyos productos se pueden encontrar en 73 países del planeta.

Quizá para defender sus intereses comerciales, también se ha entregado Calvo a la defensa de la Tierra. Es evidente que solo puede prosperar lo sostenible. En un mundo apocalíptico tipo Mad Max una lata de atún Calvo con abrefácil sería un auténtico trofeo, pero las posibilidades de producir y comercializar, nulas, por lo que un Grupo que cuida la pesca con caña, que beca a los escolares, que invita a hacer deporte, que promueve depuradoras y que ofrece oportunidades de negocio a pequeñas y medianas empresas es que mira al futuro.

El Grupo Calvo tienen más de 1.000 referencias comerciales en todo el mundo y casi cada año aparece algo nuevo incluso en España, donde creíamos que ya lo habíamos visto todo. El atún, que ya era sano, lo es más y también más cómodo en su utilización.

Pero el mundo es complicado y mantenerse en lo alto, muy difícil. En el 2006 Calvo sufrió, y mucho. Supo levantarse y ahora no parece tener nada que lo pare. Pero para eso hay que invertir en formación (113.628 horas) y en innovación (1,6 millones de euros), así como en ecología (todos los barcos llevan observadores científicos) y en gente (5.122 colaboradores en todo el mundo).

Ahora las miras están puestas en el 2020, cuando se cumplirán 80 años desde que Luis Calvo Sanz puso en marcha su pequeña conservera en Carballo. Ha pasado mucho tiempo, también de las primeras exportaciones a Estados Unidos (en el 58) o desde la apertura de la fábrica de El Salvador (en el 2003).

El reto es crecer y para eso miran a los países emergentes en el norte de África, Oriente Medio o Asia. Pero también están enfocados a dos palabras clave: excelencia y operatividad.

Autor Cristina Viu CIUDADANA

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