Persiste el abandono de la estación de buses de Carballo, pese a las promesas

La instalación presenta un déficit crónico de limpieza y mantenimiento básico


Carballo / la voz

«Veño para saber os horarios dos enlaces para ir a Vigo, pero isto está abandonado», apuntaba sobre las 13.15 horas de ayer una carballesa al salir de la estación de autobuses, mientras caminaba por el acceso, rodeada de hierba alta y maleza. En similares términos se expresó Rosa Barreiro Simil, que reside en la capital de Bergantiños desde hace 25 años. Usuaria de este transporte público, se encontraba ayer revisando los carteles informativos: «La verdad es que la estación tiene un aire de suciedad, sobre todo, por fuera, que no es lógico». Con respecto al nivel de información a los usuarios, abundó: «Yo estoy acostumbrada a ver los horarios, pero es cierto que una persona mayor se pierde y necesita ayuda. Haría falta una persona para ayudar a la gente».

La estación de autobuses de Carballo, inaugurada por Manuel Fraga en 1992, dista mucho de aquel emblemático edificio que debería ser y carece de los servicios propios de una instalación de su nivel. Continúa cojeando de las mismas deficiencias de antaño, pese a las obras efectuadas por la Xunta de Galicia entre los años 2014 y 2016, con la colocación de bancos en los andenes, reparaciones en los aseos, sustitución del falso techo, mejora del pavimento y el lucernario y pintado de plazas de aparcamiento y colocación de nuevas señales. Y eso que había comprometido un plan para mejorar las instalaciones: a día de hoy, no se ha llevado a cabo. Cristales rotos en la puerta principal de acceso a la estación, suciedad por todos lados, pintadas, hierba alta, mobiliario y otros restos acumulados y esparcidos en la parte posterior de la cafetería desde hace años, luminarias llenas de suciedad y telas de araña y el antiguo carrito de transporte de maletas que sigue amarrado a una columna con un candado y las ruedas pinchadas. El techo de la estación, que se arregló hace ahora un par de años, vuelve a adolecer de goteras cuando llueve, según aseguró ayer un usuario.

Otra de las quejas de los que emplean este transporte público a diario es el déficit de líneas. Así lo constata Aitana Lema Valiña, de 18 años. Residente en Carballo, acude a su trabajo en Arteixo en autobús. Comentó que la limpieza sigue siendo una cuestión pendiente y aseguró que se puede mejorar. Alabó, eso sí, la puntualidad de los buseros: «Os buses son moi puntuais polo xeral, niso non hai queixa». Sus críticas van encaminadas al déficit de líneas: «Hai poucos enlaces durante a semana, pero son días coma hoxe [ayer], onde hai problemas. O bus da unha da tarde non chega ata as dúas e media», con lo que toca esperar. Al igual que un usuario mayor, que ayer llegó a Carballo a la una de la tarde y preguntó por la salida del bus a Malpica y se quedó sorprendido: «Tengo que esperar hasta las cuatro y media de la tarde. En pleno mes de agosto y de fiestas».

La nota positiva es que todo apunta a que la gestión de la estación carballesa recaerá en Arriva tras estar cinco años de gestión interina por parte de Autos Vázquez (Arriva se hizo con Vázquez). El problema es que se está tramitando la documentación en la Xunta y existen problemas para conocer los horarios a través de la web, por lo que muchos interesados deben tirar de número de teléfono.

«Tuvimos que coger un taxi, que nos costó 25 euros, porque no había autobuses»

David Núñez Arango tiene 21 años y es de Gijón. Miriam Merino Soto tiene 22 y es de Oviedo. Ambos estuvieron en el VdeValarés y ayer relataron su odisea: «La web de Arriva no va. Estuvimos tres días intentando que nos confirmasen los horarios por teléfono», relató Miriam. David ahondó en el déficit de líneas: «Tuvimos que coger un taxi en Ponteceso, que nos costó 25 euros, porque no había autobuses, el último salía a las seis y media de la tarde». «Es una pena que esté así porque es lo doble de grande que la que tenemos en Gijón», dijo de la estación de Carballo.

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Lamentable

Carballo es la décimo primera ciudad gallega en volumen de población y debería tener una estación de autobuses de primer nivel. Sin embargo, el recinto presenta un aspecto bastante lamentable y ruinoso. Es la tarjeta de presentación para los turistas que vienen a la Costa da Morte en autobús y lo que se llevan es la sensación de estar en una instalación tercermundista. De momento nadie ha tomado medidas, y eso pese a las promesas.

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