Cuando las víboras invadían las playas gallegas

Una mordedura a una vecina de Carballo en mayo del 2002 generó una leyenda urbana en la zona: decían que la Xunta soltaba víboras en la playa de Razo. La administración autonómica lo desmintió, pero radio macuto insistió


«La mordedura de una víbora a una vecina de Razo desata el temor entre la población». Este es el titular con el que salió a los kioscos la primera del cuadernillo de La Voz de Carballo, encabezando las páginas de La Voz destinadas a la información local. El caso es que en mayo del 2002 Josefa Calviño permaneció hospitalizada nueve días debido a la mordedura de una víbora. «Viume antes ela a min», bromeaba desde el sofá de su casa, todavía convaleciente: con el pie en alto y sin separarse de un juego de muletas.

Este ataque podría haber pasado a la historia como uno más, pero sin embargo tuvo algo de particular. Por entonces circulaba un bulo de que la Consellería de Medio Ambiente realizaba sueltas de culebras en las playas con el objetivo de acabar con los huevos de las gaviotas, cuya población se estaba convirtiendo en un incordio. La mordedura a Josefa no hizo más que alimentar con fuerza esta hipótesis, por supuesto, negada por la administración autonómica, que consideró como «descabellada». «Las únicas especies que se introducen son especies de caza mayor», aclaraban desde el departamento, por entonces dirigido por Carlos del Álamo, conselleiro desde 1997 hasta enero del 2003, cuando Fraga le invitó a dimitir en plena crisis del Prestige.

El caso es que el rumor de la suelta de víboras por parte de la Xunta se extendió con fuerza. Nadie era capaz de aportar pruebas, pero todos estaban convencidos. En las barras de los bares era uno de los temas más frecuentes. Tanto, que poco a poco comenzó a expandirse más allá de Carballo. Tan solo unos meses después de la mordedura a Josefa, un artículo de opinión publicado en el cuadernillo local recoge la propagación de este rumor. La playa de Razo parece presa de un encantamiento. Primero se corrió la voz como la pólvora de que en el arenal poblaban víboras que a lo que uno se despistaba le hincaban el diente. Radio Macuto, difusor de rumores y chismes, cumplió su papel y en poco tiempo tiempo las serpientes habían llegado hasta playas no muy cercanas como la de Miño, a más de 50 kilómetros de distancia. Y de Miño a Ferrol solo hay un paseo. 

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