Los bares que nunca mueren: reabre el Dubra

Es un antiguo local de Camiño Novo de Carballo, aunque nada que ver en diseño y oferta


carballo / la voz

El Dubra comenzó ayer una nueva vida. Este bar de la calle Camiño Novo de Carballo, que cerró hace 15 años, ha revivido con aires nuevos: distinta concepción, tres plantas más una terraza superior, diseño vanguardista a cargo del arquitecto local Fernando Añón Pose, buen aprovechamiento de los espacios en un solar que no destaca precisamente por la anchura... Todo nuevo, pero el nombre permanece, para gusto de nostálgicos y de clientes que pasaron muchas horas en un establecimiento que regentó, desde los años 50 y hasta el 2002, Carmen Esther González Álvarez, conocida como Carmina la del Dubra, abuela -por cierto- del abogado Bernardo Silva. Desde ese 2002 estaba cerrado, hasta esta drástica reforma. Más difícil es saber cuándo abrió. El nombre se lo dio la familia anterior, procedente del municipio de Val do Dubra. Tal vez en los años 40, tal vez en los 30... Hace mucho, porque la ubicación es envidiable, en plena travesía, por donde durante decenios pasaba todo el tráfico A Coruña-Fisterra.

Por aquel bar pasaban médicos, notarios, abogados, empresarios, los taxistas... Un establecimiento mítico de para jugar la partida, por ejemplo.

Ahora manda el diseño: en la planta baja, un bar convencional; en la primera, un comedor, y en la superior, más para copas y esparcimiento. Suman unos 200 metros cuadrados, a los que hay que añadir otros 33 de terraza superior. Al frente está Eloy Canay Pazos, natural de Zas, a quien siempre le ha gustado la hostelería y ha decidido dar el paso. Vio el local, le gustó y le vio posibilidades. No tuvo ninguna duda en mantener el nombre original. Incluso ha querido mantener una plaqueta de azulejo de las originales. Espera, en breve, tener una pecera, pues le comentaron que era otro de sus símbolos distintivos. Poco a poco. Ayer inauguró, con mucha afluencia: ahora queda por delante todo lo demás.

El Dubra sigue la senda, por ejemplo, de A Ferradora, que aunque ahora es nueva ocupa el mismo lugar que tenía antes, en la calle Colón. Hay más ejemplos de recuperación, aunque no fuesen tan clásicos, como el Oasis. Tras un cambio de gerencia y la elección de una nueva denominación, los siguientes titulares optaron por recuperar el de siempre.

Nombre al margen, el Dubra está en un espacio, Camiño Novo, que en su momento, durante decenios -algunos siguen- albergó un potente nudo hostelero, en extensión hacia Vázquez de Parga. Algunos están cerrados, como el Montevideo o el Manaus, pero ahí siguen. Lo mismo que el Bergantiños, un restaurante mítico. Otros desaparecieron para siempre, como el Xabarín o As Conchas. Los más se fueron transformando en otros locales comerciales. El Milán, que abría toda la noche. El Flor de Te. El bodegón de Bardanca, el Laracha, el Suiza (Ahora, A de Tino), el Lis, el Capri... Todos a muy poca distancia unos de otros. Y ahí siguen, activos, clásicos como A Barra, también con su nombre, y el Galicia de Antonio García.

Entre Camiño Novo y Vázquez de Parga había numerosos locales hosteleros, y pocos resisten

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