«En mi época llegamos a realizar cien pinchazos al día, era una barbaridad»

«La falta de medios la compensábamos con mucho trabajo», apunta


Carballo / La Voz

Lo suyo con la profesión de enfermero (ayudante técnico sanitario) no ha sido precisamente una cuestión de vocación. Tampoco su vinculación con la comarca de Bergantiños. Sin embargo, fue su dedicación profesional la que lo ha llevado a ser con el paso del tiempo en «un carballés más».

Francisco Pico Filgueiras, Kiko para algunos, Paco para sus excompañeros (As Pontes, 1949), residió en su localidad natal hasta los 22 años. Al finalizar el bachillerato comenzó sus estudios de delineación: «Aquello no me gustaba mucho y no le veía mucho futuro, quería buscar algo más, algo que tuviera una salida para trabajar», argumenta. Y surgió la opción de ser enfermero: «Estudié, terminé el ciclo y preparé unas oposiciones». Con 30 años logró su primera plaza: el centro de salud Las Mantecadas, en Astorga. Allí permaneció siete años hasta que surgió la posibilidad de regresar a Galicia. «La opción más cercana a mi casa era Carballo y fue la que escogí. Recuerdo que de mi promoción llegamos a Carballo ocho personas», señaló Francisco Pico.

Su idea era hacer carrera en la capital de Bergantiños y tratar de lograr puntos para ir, poco a poco, acercándose a su casa. Pero los derroteros de la vida le cambiaron sus planes iniciales. No solo a él, sino a una hermana, Lolita, quien empezó haciendo una sustitución en el antiguo Banco Gallego y lleva cuarenta años residiendo en la capital de Bergantiños. Ambos hicieron sus vidas en Carballo y, en el caso de Francisco, no se planteo marchar. «Aquí tenemos de todo. Todos los servicios necesarios. Y si quiero ir a A Coruña cojo el coche porque la tengo a media hora. En Carballo se vive muy bien y muy tranquilo».

Cuando llegó destinado a Carballo, la etiqueta con la que era conocido el centro de salud no era precisamente para echar cohetes: «Por aquel entonces tenía la fama de ser un lugar donde se trabajaba mucho y muchas horas, y claro casi nadie quería venir a Carballo. Se trataba de escoger otros destinos más tranquilos. Al centro de salud lo llamábamos entre nosotros ‘La trinchera’». Y se explica: «Llegamos a realizar un centenar de pinchazos al día. Si hace usted una media ponderada, cada año vacunábamos o pinchábamos el equivalente a toda la población residente en Carballo». Según él, «el centro de salud de Carballo atendía a diario a muchos pacientes. «Recuerdo que cuando vine para acá, allá por el año 1992, llegábamos a cubrir veinte kilómetros para atender a una persona que no podía desplazarse hasta el centro de salud. Y por aquellas carreteras, que no son las de ahora, ni tampoco los medios».

Francisco Pico perteneció a aquel plantel que inauguró el nuevo centro médico carballés. «Fue la primera y la única vez que vi a Fraga en persona», apuntó. Pico Filgueiras dijo que el nuevo inmueble supuso un cambio en lo que a atención y medios técnicos y humanos se refiere: «Había más despachos, más grandes, más sitio para atender a los pacientes. A nivel profesional pasamos de estar con los médicos en sus consultas cubriendo recetas a ser nosotros los que realizábamos las curas y atendíamos a la gente. Incluso se nos habilitó una sala para nosotros. Aquello, como enfermero, supuso un avance importante». Es más: «El servicio de urgencias era por aquel entonces espectacular y de los más vanguardistas que había en Galicia. Eso sí, siempre estaba abarrotado de pacientes. A veces nos sorprendíamos de la gran cantidad de personas que venían para ser atendidas. Eso fue una delas cosas que más me llamó la atención cuando llegué a Carballo». En realidad, reflexiona, no «había los medios actuales, tanto técnicos como humanos, «pero la labor y la dedicación profesional compensaba de alguna forma aquel déficit de medios».

«Estar en un accidente grave de tráfico me suponía un dolor enorme por lo que veía»

Francisco Pico nunca llevó bien acudir a los siniestros en las carreteras. «Era lo peor que llevaba. Para mí tener que ir a un accidente grave de tráfico me suponía un dolor emocional enorme por lo que veía. Era un profesional y tenía que hacer mi trabajo; estabilizar al herido o tratar de salvar a aquella persona que poco tiempo después moría... Era algo realmente duro y difícil de asimilar, pero era lo que había decidido ser».

Su vida laboral ha terminado, pero no así sus ganas de hacer cosas. Amante del golf, reconoce que su lugar predilecto de la Costa da Morte es Baldaio y el campo Golpe de pitch & Putt. Francisco Pico niega que se trate de un deporte de ricos: «Yo no lo veo así. Si tu practicas atletismo a diario cada seis meses cambias de zapatillas deportivas y compras ropa especializada. Y dependiendo de las marcas, también te dejas dinero». Francisco Pico también jugó al tenis muchos años, pero su compañero de fatigas se lesionó y abandonó las pistas: «Siempre me gustaron más los deportes individuales», por lo que el fútbol no entra dentro de sus pasiones, aunque tampoco le hace ascos a un partido de Champions League, de la Eurocopa o del Mundial.

Sus dos otras aficiones confesas son la lectura y el cine. «Soy un cinéfilo empedernido», reconoce. Su director favorito lo tiene claro: «John Ford, sus películas me apasionan y las veo siempre una y otra vez». Su otra afición es la lectura. En las estanterías de su casa tiene la colección de Vladimir Nabokov: «Ahora estoy releyendo por segunda o tercera vez su libro Desesperación. Me encanta».

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«En mi época llegamos a realizar cien pinchazos al día, era una barbaridad»