«Son raro, gústanme os cogomelos »

Toca en dos bandas municipales de la provincia de Pontevedra y en un grupo de folk tradicional, cursa por libre las asignaturas del bachillerato de artes que le quedaron pendientes y ahora estudia el ciclo medio de Producción Agropecuaria en Fonteboa. Los jueves también atiende el puesto de Sabor Emprendedor en Carballo


carballo / la voz

Adrián Abal Martínez solo tiene 19 años, pero los ha aprovechado a tope. Ahora vive en la residencia de Fonteboa en Coristanco, donde estudia el ciclo de Producción Agropecuaria, él, que terminó primero del bachillerato artístico en Pontevedra y que ahora cursa por Internet las asignaturas que le quedan de segundo. Además ha estudiado percusión hasta tercero de profesional en el Conservatorio Manuel Quiroga.

Sus rastas y su pelo demasiado largo no casan en absoluto con el alumnado habitual de un centro educativo del Opus, pero ahí está desde septiembre. Acostumbrado a vivir solo desde los 17 años, la residencia se le hizo un poco cuesta arriba, por lo que le buscaron una habitación para él solo. «Mudeime ao meu cubículo, en solitario. Non me acostumei a estar con xente, gústame a soidade», explica. Aparte de esto no ha tenido demasiados problemas para integrarse, aunque destaca como un pulpo en un garaje. «Son bastante aberto, mentres haxa respecto», añade.

Lo que le atrajo hasta Coristanco fue el tipo de enseñanza que se imparte en Fonteboa. «Iso de ter prácticas cada tres meses foi mellor, así entras no mundo empresarial antes», aclara. De momento lleva dos períodos en Hifas da Terra, una compañía especializada en la producción de setas. Sus compañeros irán a el 18 de abril a Francia e Irlanda, pero para él no encontraron nada de su interés, por lo que volverá a Pontevedra. No está muy seguro del motivo por el que le atraen las setas -«son algo raro», dice-, pero considera que «é un nicho de mercado que está por explotar, no que se poden facer moitas cousas». Pero no es el único atractivo que le encuentra a los hongos. «É algo que podes facer un domingo pola tarde cando vas a pasear co can». En realidad son tres y dos de ellos viven ahora con su novia y el otro con sus padres, pero es ella, desde Sanxenxo, la que provee el puesto de Sabor Emprendedor en el mercado de Carballo de cítricos que en Bergantiños no se puede recoger todavía ni siquiera junto al mar.

Puesto semanal

En el puesto que comparte con otros tres alumnos de Fonteboa la familiaridad con los clientes es enorme. Con un «Hola, guapa», reciben a Hermosinda, de Entrecruces, que viene a la feria, pero solo «se non chove moito, porque teño de andar case dous kilómetros», explica. Reconoce que viene a visitarlos siempre que puede, por eso la reciben con piropos. Su favorito no es Adrián, sino Manuel, un santiagués responsable de las ventas. A mediodía apenas les queda nada, solo unos pocos limones y naranjas que ha traído Adrián y por los que piden 1,5 euros en kilo. «Somos uns careiros, pero a calidade hai que pagala», señala el estudiante.

Además de primero de Producción Agropecuaria, el joven Adrián estudia por Internet en un instituto de Santiago las cinco asignaturas que le quedaron de segundo de bachillerato. Dice que le va bien. Quizá le ayuda el hecho de que por la semana tiene pocas cosas que le entretengan. Los alumnos de Fonteboa apenas disponen de dos horas y media diarias para su libre albedrío.

Los fines de semana la cosa se complica. Vuelve a Pontevedra en su coche y allí se encuentra con otras obligaciones, porque forma parte de las bandas municipales de Barro y de Meis, dos de los lugares en los que ha vivido y también toca en el grupo folk Os Druídas. En todos los casos su especialidad es la percusión.

De hecho, según cuenta, el dibujo y la pintura fueron sus principales intereses hasta que el bachillerato se le hizo cuesta arriba y buscó algo que le interesara y que no significara estar un año «perdendo o tempo». Fue su padre, que tiene una empresa de maquinaria industrial, el que le habló de Fonteboa. «Despois dalgunhas discusións decidín ir a Coristanco», reconoce.

La adaptación fue complicada y no tiene claro si seguirá, pero lo que sí sabe es que quiere terminar el bachillerato y matricularse en Bellas Artes, aunque «máis adiante». De momento, los secretos del cultivo y de los usos de las setas están su alcance.

«De momento vivín en cinco lugares distintos»

A Adrián la agricultura no le viene por ningún lado. Lo curioso es que los padres de sus tres compañeros en el puesto de Sabor Emprendedor tampoco son hijos de trabajadores del sector agropecuario, aunque sus abuelos si tenían explotaciones.

No es el caso de Adrián. Su padre empresario y su madre, auxiliar de enfermería. Sus abuelos paternos se dedican ahora al cultivo de la vid, pero trabajaron casi toda su vida en Alemania. Por la parte materna, su abuela curaba, enseñaba, cocinaba y hacía de todo en el lugar de Mosteiro, en el municipio de Meis, de donde él es natural. La fabricación del vino, en la que está embarcada parte de su familia no le interesa demasiado y eso que es el cultivo prioritario en la zona de la que procede, igual que en Bergantiños lo es la patata y la producción de leche.

Nacido

A pesar de que solo tiene 19 años, Adrián ha vivido en cinco lugares, por lo que se lía un poco cuando tiene que decir dónde ha nacido. Ser es de Meis, pero ha vivido en Barro, Caldas, Armenteira y, por su cuenta, en Pontevedra, donde estuvo dos años en un piso alquilado. Ahora está en Coristanco con una veintena de compañeros con los que comparte clase y vida de lunes a viernes. Ha sido un cambio de vida enorme.

La afición a la música le viene de sus tíos, que siempre tocaron en orquestas. Ella cantaba y él tocaba el trombón. Reconoce que es su pasión desde que entró en el conservatorio pontevedrés en el tercer curso del nivel elemental. Es otra de las cosas que tiene previsto retomar cuando regrese a Pontevedra, convencido de convertirse en un artista de la pintura, de la música o incluso en un próspero cultivador de setas. Quién sabe.

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