Nuevos y viejos usos sacerdotales


Dentro de unos días, Manuel Carrero Caballero, sacerdote capuchino y sevillano, superior en la Ciudad de los Muchachos de Agarimo, en Arteixo, empezará a colaborar con la unidad pastoral de Carballo, oficiando los domingos en Vilela, Lema y Lemaio, y eso que la que le toca es la parroquia de la Divina Pastora de A Coruña. Buena ayuda para el equipo carballés, que por número de feligreses y actividades es el principal de la diócesis. Pero los que llegan, se le van pronto (se los llevan). Acaba de ocurrir con Eduardo Puga, que pronto se sentirá un camariñán más tanto como se siente de Bértoa, y antes con otros muchos, de los que ya he perdido la cuenta. Más que un destino, Carballo parece un centro de formación post-seminario, una especie de MIR sacerdotal por el que hay que pasar para tareas posteriores, y además, trabajar mucho. Al menos, llevar el ritmo de Xosé Pumar Gándara, octogenario que no lo parece y que, además de oficiar unas misas allí donde se lo pidan, se le puede parar en la calle para preguntarle la etimología de una palabra o el significado de un topónimo. A ver quién puede decir eso en Galicia.

En Carballo ayudará el capuchino como también lo está haciendo ya un diácono, por la escasez sacerdotal que afecta a todas partes (en la comarca tenemos 42 curas para 157 parroquias) ante la ausencia de las vocaciones que había antes. Y que, no lo olvidemos, de estas tierras salieron muchos de los que estuvieron o siguen por media Galicia. No hay más que ver los listados de las celebraciones de San Juan de Ávila, cuando conmemoran las bodas de plata, oro o diamante, para descubrir cada año apellidos de esta zona. Esto fue un vergel sacerdotal durante decenios, sobre todo de determinadas parroquias de A Laracha, Muxía, Vimianzo, Ponteceso (especialmente Xornes) o Coristanco (Oca, sobre todo). Ahora, en Vimianzo habrá dos más, pero ya nada es lo que era. Más que curas, lo que ahora se exporta es uso de la tecnología. No es casual que dos de los poquísimos curas gallego que usan la aplicación Confesor Go estén en Zas y Coristanco, o que uno que ahora está en Marín antes recalase también en Zas. O que Carballo se encuentre a la vanguardia del uso de los nuevos sistemas de comunicación (mañana comenzará un curso de integración de las TIC en la familia, por cierto), o de los cursos de pastoral que ni en las ciudades son capaces de hacerlo. La geolocalización del sacerdote va a ser cuestión de tiempo, pero para todo, no solo para confesar. Aunque, al final, los métodos clásicos también dejan su huella. Algunos de los que se van marchando dejan un hueco entre sus vecinos que no llenará ningún iPad ni aplicación llamativa.

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