Los carballeses disfrutaron en el Anllóns de su fiesta más desenfadada

Dieciséis embarcaciones llenaron de ingenio y buen humor el cauce del río


El agua reclamó ayer, y obtuvo, un papel estelar en el San Xoán. La puesta en escena de la cita más desenfadada de los festejos carballeses, el Descenso do Anllóns, congregó en los márgenes del río a centenares de personas para ver, y animar, a unas tripulaciones rebosantes de ganas de pasarlo bien, aunque las condiciones meteorológicas no contribuyesen demasiado a ello.

De hecho, dos de las embarcaciones inscritas no llegaron a zarpar -ni siquiera se presentaron en A Ponte de Bértoa, puerto de inicio de la divertida travesía-, pero las dieciséis restantes sí surcaron el Anllóns río abajo haciendo frente a la vegetación, los puentes y los problemas de calado. Todo ello sin perder el humor y plantando cara a unas nubes y rachas de viento que no invitaban precisamente al baño.

La diversidad de diseños náuticos permitió ver navegar por el Anllóns un vehículo de Fórmula 1, a las usuarias de un geriátrico reconvertidas en marineras, un cañón manejado por unos voluntariosos cascos azules y a los Picapiedra, dinosaurio incluido. También hubo propuestas más austeras. Media docena de bidones de distintos tamaños y precariamente unidos entre sí formaba una embarcación que a duras penas fue capaz de transportar a uno de sus cuatro tripulantes, aunque finalmente pudo completar el recorrido previsto.

Otros participantes priorizaron el mensaje y la actualidad, por eso no resultó extraño que en plena jornada de reflexión los cuatro aspirantes de los comicios que se celebran hoy surcasen también el Anllóns en busca de votos y compartiendo una misma embarcación convenientemente dotada con una urna. El más activo en la tarea propagandística fue el émulo de Albert Rivera, que aprovechó el micrófono que aguardaba a todos los participantes en la meta para lanzar las últimas proclamas, y que no dudó en reproducir el desnudo con el que el político inició su carrera política. Aunque es probable que más que para cosechar apoyos al Rivera carballés le haya servido para lograr un resfriado.

El toro mecánico, en el parque del San Martiño, y un juego de globos y pesas en el del Anllóns, fueron las dos pruebas a las que se enfrentaron las tripulaciones en su recorrido. Además, todas ellas debían llegar a la meta con el vaso lleno de agua teñida de verde (con un colorante alimenticio para no dañar el medio ambiente) que les había sido entregado al inicio de su periplo. Pero la tarea en algún caso se convirtió en misión imposible. Así lo constataron los miembros del jurado que los aguardaba en el parque do Anllóns.

Río arriba había quedado no solo el contenido de esos vasos sino muchas sonrisas y un buen rato de diversión: el que dispensaron al numeroso público -aunque no tanto como en años anteriores a causa del tiempo desapacible- que también se quiso sumar a esta fiesta en el río que en su próxima edición cumplirá 20 años.

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