«A saúde, como os de 70 anos»

La vecina de mayor edad de Carballo tiene 104 o 105 años, no está claro. Es la más veterana de los 12 centenarios del municipio

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Carballo / La Voz

Ocurre a veces: con la gente de cierta edad, sobre todo los que pasan de 100 años, las fechas de nacimiento a veces no están del todo claras. Hay variaciones de días, de meses, ¡e incluso de años! He aquí el caso de Dolores Tasende, nacida en el lugar de Serantes, parroquia de Oza, en Carballo, a principios de agosto. Otra cosa es el año. Según el DNI y por tanto el padrón municipal, el 5 de agosto de 1911. Pero, según el censo electoral y la Seguridad Social, el 6 de agosto de 1910. Dos datos añadidos: comenzó a cobrar su pensión de jubilación contando con la fecha de 1910, y además ella siempre dijo que nació en el año 10. Su familia así le ha celebrado los cumpleaños. Tendría, por tanto, 105 años, y dentro de poco más de tres meses, 106. En todo caso, sea el año que sea, es la mayor de Carballo. Del 10 o del 11 solo vive ella, según los datos municipales. Del año 1912, dos personas. Que tengan 100 o más años hay solo 12 vecinos. Once de ellas son mujeres, y el varón vive en Cances. No es nada raro: desde siempre, las mujeres son la que alcanzan las mayores cotas de edad en la comarca y en Galicia.

Fechas al margen, Dolores luce un aspecto envidiable, impropio de la edad que tiene. «A saúde, como os de 70 anos», explica su hija, con la que vive. Una de los cuatro que tuvo (viven tres, el otro falleció). En efecto, parece mucho más joven. No le ocurre a ella sola. Es llamativo que varias centenarias de la Costa da Morte luzcan un aspecto notablemente más joven del que les correspondería por edad. Será el tiempo, o los tiempos, o la casualidad. Empezando por Avelina Mouzo, de A Ponte do Porto, que ahí sigue a los 111 como si nada.

Lo único que le coarta esa vitalidad es la silla de ruedas, en la que tiene que desplazarse desde hace seis años. Eso, y el oído, que hay que levantar un poco la voz. No tuvo muchos problemas médicos. Una vez, hará ocho años, le dijeron que sería necesario ponerle un by-pass, pero se descartó por edad y por riesgo. Por lo que se ve, no le hacía falta. Baste un ejemplo: en Nochebuena aguantó la cena familiar como una campeona, hasta las seis de la mañana. Eran 22 personas. Pero una semana después, en Nochevieja, fue más campeona todavía: disfrutó con todos los de lan casa hasta las 8.30 de la mañana. A esa hora, desayunó. Ya le gustaría a alguno de 15 tener esa fuerza. «Non ten sono se está coa familia», señala la hija.

Fortaleza

El resto del parte recuerda a otras longevas de gran fortaleza: come de todo, conoce a todo el mundo. Por tanto, está bien de estómago y de cabeza, aspectos nada desdeñables a esa edad. A veces le falta algo de poderío en las manos. No agarran como antes. En sus años mozos, ella y cientos de personas del entorno del monte Neme iban a la roubeta a las minas. Una práctica habitual, pero muy arriesgada. Ella fue solo un día, y tuvo tan mala suerte, que la pilló un guardia. Para evitarlo, se dio un golpe en la nariz, y así sangrar. Ni por esas: la amenazaba con llevarla a la caseta, a la balseira. Y ella que no: allí pegaban a los que pillaban. Dolores le dijo que tenía un bebé. El vigilante le pidió que se lo demostrara. Tuvo que dar leche de un pecho para que le creyese. Se fue corriendo, y no volvió.

Trabajó toda su vida en la casa, en el campo. Quedó viuda hace 74 años. La dificultades en la vida sin imaginables. No se intuyen mientras se habla con ella, en la mesa de la cocina, al lado de una cocina que calienta toda la casa. Con gesto plácido, mucha tranquilidad y simpatía, afronta lo que le queda sin problema: «De aquí adiante, o que veña».

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