Los mariscadores de Camariñas aprueban las vigilancias nocturnas

El conflicto interno está lejos de solucionarse porque los críticos ni siquiera votaron


cee / la voz

Los mariscadores de Camariñas, reunidos en asamblea general, aprobaron por abrumadora mayoría la realización de las vigilancias, que incluyen turnos de noche y en fin de semana. De hecho, como destaca el patrón mayor, Ramón Lema Romero, del medio centenar de votos emitidos apenas hubo unos pocos nulos, el resto fueron «45 a favor e ningún en contra».

Para Lema eso es la prueba de que «a xente está moi concienciada», y, «salvo dous que poñen mala vida», el grueso de la agrupación, tanto entre los profesionales de a pie como los de a flote, entiende perfectamente que es una tarea que hay que realizar para proteger el producto y garantizar la supervivencia de una actividad que ya de por sí está complicada. Entiende, por tanto, que existe un apoyo claro a la labor de la directiva y lo que les toca ahora es trabajar de manera decidida por garantizar la normalidad de la actividad y de las vigilancias.

Sin embargo, la situación cambia radicalmente si se le pregunta a la otra parte, la del sector crítico que reprueba la gestión del patrón mayor y de la directiva del marisqueo. De hecho, había más de 80 profesionales con derecho a voto y esa parte crítica ni siquiera acudió a la asamblea para mostrar su oposición al plan de vigilancia.

El conflicto interno sigue, por tanto, igual de enconado y nada parece entrever que se hayan abierto vías de entendimiento. Es más, una parte y otra se acusan mutuamente de presiones y coacciones tanto para ir a votar como para dejar de hacerlo.

Entre los que se quejan las objeciones son múltiples, desde la legalidad de las vigilancias hasta la forma inadecuada de convocarlos para la asamblea. De hecho, siguen reclamando una reunión de la junta general para hablar de todos esos asuntos. Dicen que el seguro de la Seguridad Social solo les cubre entre las seis de la mañana y seis de la tarde o que incluso las autoridades pueden multarlas por realizar una labor que no les compete. De ahí que insistan en que no se niegan a hacer las vigilancias, pero a lo que sí se oponen frontalmente es a ocuparse ellas solas -la gran mayoría son mujeres- de los turnos de noche en fin de semana. Estarían dispuestas a hacerlas, pero en compañía de al menos un guardapesca.

La directiva de la cofradía incide en todo lo contrario. A través de la asesoría legal, han echado mano de la legislación y la jurisprudencia del TSXG para dejar claro que las vigilancias del marisqueo por parte de los propios profesionales son plenamente legales y, de hecho, se llevan haciendo desde años en otras muchas cofradías de Galicia. Afirman que les ampara el propio plan de extracción, las normativas en vigor e incluso la Consellería do Mar.

Juzgados

Toda esa falta de entendimiento y en algunos casos también de comunicación tiene abiertos muchos frentes, desde expedientes disciplinarios hasta procedimientos judiciales que han llegado a los Juzgados de Corcubión. Incluso la Subdelegación del Gobierno se encuentra envuelta en estas discrepancias. Una mariscadora pidió que le informasen sobre la legalidad de estas vigilancias y la subdelegación le contestó citando los artículos de la ley de seguridad privada. Según esa normativa, no estarían habilitadas para realizar el trabajo e incluso se podrían exponer a multas cuantiosas. Sin embargo, la cofradía ya ha presentado su propio escrito para que la Subdelegación aclare esa información que consideran completamente errónea, ya que hay leyes específicas como la de pesca de Galicia, que establecen claras excepciones en este campo que les amparan. De momento están a la espera de una respuesta que aún no se ha producido.

El tejado de la lonja sigue enfrascado en cuestiones burocráticas

La controversia del marisqueo de Camariñas tendrá una nueva prueba de fuego estas Navidades, que centra la expectativas de los profesionales en esta y en todas las cofradías de la zona. Los resultados del año hasta la fecha están siendo mínimos, porque apenas hubo días de actividad y los cupos, aunque se completan rápido, apenas generan ingresos. De ahí que las ventas de Navidad, que tampoco se presenta demasiado atractiva porque hay dos semanas con mareas muertas, pueden acercar el entendimiento o seguir ahondando en la división.

Al margen de eso, en la cofradía tienen abierto otro frente, el del tejado de la lonja y las oficinas que va camino de pasar el invierno completo lleno de filtraciones. El patrón mayor y la presidenta de las mariscadoras se reunieron aún esta semana con la Conselleira do Mar Rosa Quintana, para tratar este y otros asuntos. «Disque aínda faltan uns papeis. A nós dános igual quen teña a razón, o que queremos e que nolo arranxen dunha vez por todas», asegura Lema Romero.

El mar acumula más desencuentros que todos los otros sectores juntos

Los ganaderos tuvieron y tienen sus problemas, al turismo le cuesta unirse, la industria lleva ya dos años con manifestaciones a cuenta de Ferroatlántica, incluso los sanitarios de atención primaria están estos días de huelga. En todos los sectores cuecen habas, pero ninguno protagoniza tantos conflictos, con la administración e internos, como el del mar, en el que raro es el mes en que no salta alguno.

Ahora mismo el que está más enconado es el de Camariñas, pero, en general, ponerse al mando de una cofradía en la Costa da Morte es sinónimo de quebraderos de cabeza. Desde los precintos de las nasas del pulpo hasta las cuotas del jurel, pasando por los cierres preventivos por toxina o las formas de extracción subacuática. Todo es susceptible de discrepancias e incluso de enfrentamientos que en más de una ocasión han acabado al borde de las manos. Hasta la pesca del calamar con caña ha dado lugar a situaciones nada edificantes.

Por citar algunos de los últimos conflictos, cabe destacar el que mantienen los percebeiros de Muxía con la Consellería do Mar a cuenta de los días que tienen que trabajar a pie o a flote dependiendo de las condiciones del mar. O el de los buzos del longueirón de Fisterra a los que les costó, y mucho, con multas incluidas, adaptarse a los planes de seguridad que fijan el número de personas que deben ir en la embarcación.

Hay, además, otros eternos, como el de la veda del pulpo. Mientras algunas cofradías como la de Fisterra pugnan para que se amplíe el número de meses y que el recurso se pueda recuperar, hay quienes dicen que la flota artesanal no tiene nada que ver con el esquilmado de los bancos.

Ahora bien, el sin duda más profundo e irresoluble es el de las cuotas. Son varias las flotas que afirman año tras año que los cupos concedidos no permiten siquiera mantener los barcos, con lo que se alimentan todo tipo de picarescas. La más habitual consignar descargas como de una especie que nada tiene que ver con la que realmente se captura.

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