Galicia se arriesga a un julio sin su sardina tras agotar el cerco su cupo

Los profesionales piden un adelanto de cuota para poder seguir pescando


Redacción / La Voz

Se lo olían. «Tal e como está o mar, cheo de peixe, é normal», comentó Andrés García, portavoz de la Asociación de Armadores del Cerco de Galicia (Acerga), al conocer el cierre de la pesquería de la sardina decretado por la Secretaría General de Pesca. A partir de las doce de este mediodía, ni los barcos de cerco, ni los que emplean artes altamente selectivas como el racú o la piobardeira, podrán capturar la especie en el caladero Cantábrico Noroeste. Se prohíbe su extracción tanto en la zona VIIIc (de Fisterra al golfo de Vizcaya) como en la IXa (de Fisterra al golfo de Cádiz).

A estas alturas del verano, los profesionales han consumido ya las 1.480,37 toneladas que tenían asignadas para la primera parte de la temporada: de mayo a julio. Pero lo concedido para tres meses se ha apurado en dos. La cantidad no ha dado para llegar a julio con cuota, con lo que Galicia se arriesga a tener que suplir con sardina foránea aquella demanda que no es capaz de cubrir la flota del xeito, también apretada en cuanto a consumo de cupo.

Ese es el escenario en que se quedará el cerco si la Secretaría General de Pesca no accede a su solicitud: adelantar a este primer período las 600 toneladas que se reservaron para la segunda parte de la campaña (de agosto a noviembre). «Consideramos que non podemos estar sen pescar en xullo, por iso pedimos que nolas deixen capturar agora e cando se acabe, que se peche xa definitivamente», dice García, que se mostró convencido de que la semana que viene recibirán el visto bueno del ministerio al adelanto.

Que se hayan consumido tan rápido esas casi 1.500 toneladas es, a juicio de los profesionales, una prueba más de «que hai máis peixe que o ano pasado» y que la especie está en vías de recuperación.

Si el Gobierno concede el adelanto de 600 toneladas, la flota las administrará de otra forma: con un cupo diario de 1.200 kilos, en lugar de los 6.000 semanales. Lo hace para alargar la cuota al máximo posible y también para recuperar el precio en el mercado. García admite que la sardina «pinchou» por San Xoán. Y que tampoco ahora cotiza como debería. Culpa «ao tempo», que no alienta las sardiñadas y hace que se pague a un euro de media.

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