La relación entre los mariscadores de Camariñas hace más aguas que la lonja

Un grupo de profesionales volvió a manifestarse ayer en contra el patrón mayor

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Mariscadoras de Camariñas piden poder trabajar en la zona del canal También se quejan de retrasos en los pagos y solicitan poder mariscar el 22 de diciembre

cee / la voz

Las goteras en la cofradía de Camariñas van más allá de las puramente físicas, que obligaron el martes a desalojar el edificio administrativo porque se inundó y el agua bajaba directamente por los cables eléctricos. Se extienden a la relación entre los profesionales, concretamente al entendimiento entre un grupo crítico, que volvió a manifestarse ayer por la mañana, y la directiva, con el patrón mayor, Ramón Lema Romero, a la cabeza.

«É que eu xa non sei que queren, porque é xente que non está contenta con nada. Piden que abramos a Balsa, abrímola, e mal. Piden que abramos a Paxariña, abrímola, e fatal. Levamos dous meses e nós o que queremos é facer ben para todo o mundo: limpar o marisqueo de furtivismo e facer as cousas ben, con dous dedos de fronte», detalla Lema, que no ve motivos para tantas críticas, más allá de que los que ahora se quejan se presentasen a las elecciones y perdieran. Es más, asegura que «isto xa está pasando de castaño a escuro, entrando en temas persoais e todo». Defiende la mejora de las condiciones alcanzadas, porque lograron nuevos compradores y «os prezos aumentaron. Gáñanse máis cartos que o ano pasado». De ahí que ya se plantee pasar del tema, porque de 600 socios que tiene la cofradía -130 de ellos mariscadores- «son 12 [los desconformes], os demais están contentos».

Sin embargo, Amalia González, que le pone voz a los críticos, ve el panorama desde un óptica totalmente diferente. Asegura que lo que quieren es que se abra la zona del canal o que se explique por qué no se abre, pero, sobre todo, lo que más reclama es una reunión de la agrupación, para la que ayer juntaron 34 firmas, porque dice que no se tiene en cuenta a todos. De hecho hay dos miembros de la directiva a los que ni siquiera se les convoca y ella, como integrante de la junta general, tampoco tiene acceso a datos como los del plan de explotación, que pidió por escrito. Además, asegura sentirse intimidada por mensajes que le han enviado y otros compartidos en distintos grupos. «Síntome acosada e mañá [por hoy] hai que ir traballar ás sete e media da mañá, que aínda é de noite, e teño medo. O domingo mesmo chamaron ao meu home, que é albanel e non ten nada que ver con isto, para que tratase de pararme os pés. E díxolle: ‘‘en 27 anos que levo casado nunca lle mandei calar á miña muller’’, pero a min o que me aconsella é que non vaia traballar, que me desenrole da embarcación e que busque outra cousa. Teño 49 anos e levo no marisqueo dende os 12. Nunca me sentín así», relata González, quien sigue reclamando diálogo como la única fórmula para salir de esta situación. Un diálogo que pide hasta la alcaldesa, Sandra Insua, y que, aunque parece la opción más sensata dado el punto al que han llegado, no acaba de producirse para zanjar el conflicto.

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