Somos gente y no solo contribuyentes


En nuestro sistema educativo, que parece ir al peso, todo lo que se sale de la media desaparece. Los docentes no tienen tiempo, ni preparación, para andar preocupándose de los que por exceso o defecto no se adaptan al sistema.

Sé de padres desesperados porque tienen un hijo superdotado que ni juega al fútbol en los recreos ni se cree todo lo que le dice el maestro y que no es capaz de desarrollar un problema matemático. Usa el tiempo libre para debatir, se cuestiona todo y saca el resultado de un problema de algún lado de su cabeza sin que el maestro sepa de dónde lo saca.

Hace tiempo que las orillas no existen. El que se sale del cauce simplemente desaparece del sistema administrativo, cada vez más burocrático, más impersonal. Somos gente y no solo contribuyentes, manejados por un ejército que trababa de nueve a tres de la tarde y para el que las personas son simples nombres y apellidos en un formulario.

Los niños con algún tipo de diversidad funcional o enfermedad son de los que se quedan en las márgenes del río burocrático. Los colegios de Laxe, Cee y A Ponte do Porto se reparten tres cuidadoras para niños con necesidades especiales, una cantidad realmente baja, sobre todo si se tiene en cuenta que en los últimos años los especialistas y los docentes de apoyo han desaparecido como las golondrinas cuando llega el frío.

Desde hace años se habla de integración, de que los niños con diversidad funcional deben compartir aula con sus compañeros, pero la realidad es que acaban arrumbados en una esquina porque el profesor no tiene los medios ni la capacidad para atenderlos debidamente.

Para qué van esos niños al colegio si cuando terminan la escolarización obligatoria no obtienen ningún título. Cuando llegan a los 16 es como si, simplemente, no hubieran existido. Quizá algunos se sientan mejor hablando sobre la integración, pero hay que estar en una de esas clases para saber que atender a 1 entre 25, como ocurre en muchos centros, es realmente complicado.

Si alguna vez hubo tal integración hace tiempo que los recortes de la Xunta la ha hecho saltar por los aires. Ahora, los disléxicos, los que son un poco más lentos, los que no pueden estarse quietos, los raros con gran inteligencia o los que sufren algún tipo de enfermedad mental pueden darse por absolutamente perdidos. Alguno quizá despuntará al cabo de los años, será esa excepción, ese Einstein del que dicen que suspendía matemáticas. Los demás estarán en la cuneta de la vida.

Por Cristina Viu CIUDADANA

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