La liga de las parroquias


El minifundismo, que tan bucólicas estampas dibuja sobre el territorio de la comarca, es un problema para el aprovechamiento forestal y también para el desarrollo de las explotaciones agrarias. Sin embargo, resulta bastante más llamativo, y por supuesto mucho más grave, que esté instalado en los cerebros. Basta echar la vista a estas páginas unos días atrás para encontrar varios ejemplos.

Los mariscadores de Camariñas, en lugar de aprovechar que tienen el precio del berberecho soñado, se dedican a situarse unos en una leira y otros en la de enfrente para ver si se alcanzan, pero no con propuestas beneficiosas para todos, sino con el garrote, o con el raño, que en este caso les viene más a cuenta.

Los alcaldes de los municipios de Fisterra y Soneira, quedan para comer. Por supuesto, nada puede haber en contra de que la gente se alimente y menos de que personas con responsabilidades políticas decidan, al fin, juntarse, después de años en los que estas prácticas estaban desaparecidas, para tomar decisiones, reclamar y adoptar políticas que les deberían ser comunes a todos. Ahora bien, se expresan y autodenominan como los alcaldes de la Costa da Morte, en un clásico sácame de aí ese marco, que parece encontrar muchas diferencias entre como crecen los percebes en Reira y en la punta de O Roncudo. Eso más allá de pensar que no debe servir de nada contar en sus anhelos con las dos mayores poblaciones de la zona y obviar -casi parece casualidad- a cualquier representante del PP, porque seguramente los regidores de este partido nada tengan que decir en las relaciones con la Xunta.

El alcalde de Arteixo, en aras de sus intereses -sí, de los electorales también- se presenta como verso suelto dentro de los populares y se mete en la loable cruzada de reclamar la eliminación del peaje de la AG-55; esa autopista que ya pagamos una vez, pero vamos a seguir haciéndolo unos decenios más. Por si acaso, no vaya a ser que por el camino se le caiga alguna curva y parezca una autopista. Pues bien, enseguida se instala la corriente dominante, con gritos en el cielo incluidos, de cómo es posible que los regidores de la Costa da Morte no echen a correr al instante o crucen Barrañán a nado ayudarle a asir un extremo de la pancarta. Nadie parece entender que al día siguiente de eliminar los 0,55 céntimos del tramo que pide -porque le interesa a sus vecinos y hace bien- Carlos Calvelo, el poder de presión que ofrece el entorno inmediato de A Coruña se desvanece, y el euro con 95 céntimos a mayores que tienen que abonar los curritos de la Costa da Morte queda grabado en piedra.

Lo de siempre, la liga de las parroquias.

Autor J. V. Lado CIUDADANA

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