La cara que tienen y la que se te queda a ti


La camarera de Las Vegas, uno de los bares más populares de Camariñas, situado junto a la iglesia y el pabellón, trataba de explicarle ayer a su jefa, Marina Lista, como era posible que la hubiesen engañado. «É que vaite liando», le decía. No necesitó demasiadas explicaciones porque a la propia Marina le había ocurrido exactamente lo mismo en mayo del año pasado. Entonces fueron 50 euros y ahora 100. Ambas cayeron en el timo del cambio y a manos del mismo sujeto: «Un home así alto, delgado, con pinta de descoidado, cunha parca larga... que anda nun Ford Focus de cor azul. Dígoo non porque se lle vaia facer nada, porque con esas cantidades como moito é un furto, unha estafa; senón para que a xente estea atenta», señala la hostelera.

El mecanismo es sencillo. Solo se necesita capacidad de interpretación, mucha cara y pocos escrúpulos. «Vén, pide dous refrescos, dúas augas, dúas cervexas, o que sexa, e dache 100 euros para pagar. Cando lle vas coa volta, diche: ‘espera que teño aquí... [una cantidad inferior]» y, en medio de ese trasiego, como detalla Marina, se produce el engaño. El timador se marcha, por tanto, con los 100 euros y el cambio. Y no le debe salir mal, al menos a juzgar por la gran cantidad de dinero que la camarera pudo ver en la cartera que le mostró.

Por supuesto, como en todos estos casos, el delincuente en cuestión se esfuma del mismo modo que apareció y la víctima reacciona con sorpresa, incredibilidad y desconcierto, cuando ya es demasiado tarde, porque no queda rastro de su presencia. Marina Lista fue ayer hasta A Ponte do Porto, Xaviña e incluso a Vimianzo para probar si lo veía, pero nada. Sospecha que debe actuar en negocios como el suyo, «que están preto dos cruces, das estradas, das saídas dos pobos, para así poder marchar e que non che de tempo nin a chamar á Garda Civil nin nada».

Como este hay un buen puñado de modalidades de timo que, de cuando en vez, se dejan ver por la Costa da Morte. El más reciente y llamativo es el de una vecina de Fisterra, que acabó entregándole miles de euros en efectivo y las joyas acumuladas durante toda su vida a una pareja, que la engañó con una variedad de la estampita. La sensación que se le quedó es bien parecida.

Ni siquiera se puede establecer una relación certera de casos, porque en su gran mayoría las víctimas acaban sintiéndose culpables, por su propia ingenuidad y ni siquiera denuncian. Algo de lo que siempre se quejan las fuerzas de seguridad, porque, aunque combatir este tipo de delitos de poca monta no resulta sencillo, la base para poder perseguirlos es la denuncia, porque a partir de ahí es cuando policía y Guardia Civil pueden actuar.

Autor J. V. Lado CIUDADANA

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