Las incautaciones muestran que la comarca no se libra del furtivismo

Solo en los últimos dos años hubo una veintena de operaciones de Gardacostas


cee / la voz

Solo el Servizo de Gardacostas de la Xunta de Galicia ha realizado en la Costa da Morte en los últimos dos años una veintena de intervenciones relacionadas con la incautación de pescado y marisco cuyo origen no pudo ser demostrado por sus portadores y de útiles pesqueros fondeados ilegalmente. Suman solo unas pocas toneladas y algo más de 3.000 aparejos, pero basta hablar con cualquier profesional de la zona, que se digne a admitir la realidad y por supuesto en privado, para entender rápidamente que lo aprehendido por las autoridades supone una parte ridícula de todos los productos del mar que se mueven de manera clandestina por la Costa da Morte y, en general, por toda Galicia.

Da igual que la Xunta desplace embarcaciones, que se incrementen los medios de control, las inspecciones de sanidad e incluso el empeño público de algunas cofradías contadas porque el problema del furtivismo sigue igual de vigente con el paso de los años y nunca se llega a saber realmente las dimensiones que tiene. Ocurre algo similar que con el narcotráfico del que solo se deja ver la punta del iceberg, cuando naufraga alguna planeadora o las fuerzas de seguridad realizan una actuación importante, mientras en la sombra, aunque conocido por una parte amplia de la población, siguen corriendo las drogas y sus millonarios beneficios a costa de la salud de los consumidores.

La tipología del furtivismo es variada a juzgar por la descripción de distintas fuentes de la zona contactadas bajo la condición de anonimato y también de los que se atreven a hablar pública y abiertamente como el patrón mayor de Camelle, Xosé Xoán Bermúdez, que ha sufrido numerosas represalias al respecto. En el primer grupo están los propios profesionales que cogen más de los topes permitidos, pescan o extraen marisco fuera de los días o épocas habilitadas e incluso disfrazan de actividad deportiva lo que realmente tiene una finalidad comercial. Justo lo mismo que ocurre con los pescadores recreativos, en muchos casos profesionales jubilados, que convierten esta actividad en un complemento de sus pensiones e incluso en un negocio sustancioso. Después aparecen lo que se podrían denominar furtivos profesionales, que directamente pasan de obtener los títulos pertinentes y ceñirse a las normas porque les resulta mucho más lucrativa la entidad clandestina. Entre ellos hay casos de toxicómanos que apuran cualquier posibilidad para obtener el dinero para la siguiente dosis y se pueden ver, por ejemplo, extrayendo almejas en la más contaminada playa de la Concha de Cee.

Todo eso forma parte de una cadena, con sus propios canales comerciales, que acaba en las mesas de casas y restaurante con un considerable daño para el sector.

«En vez de escalar onde se vende iso veñen a facer dano»

El fisterrán Juan Bautista Louzán Lago, conocido como El Rey del Pulpo de la Costa da Morte, ofrece una versión muy distinta a la de la Xunta (información en la página 36) sobre lo que los Gardacostas y Sanidade encontraron en sus instalaciones de Sardiñeiro. Relata que dos agentes visitaron la sede de Congelados Sardiñeiro y Pescados Xoán Bautista el viernes pasado, tuvieron «unhas palabras» con su hijo y considera que, en venganza por aquel desencuentro, volvieron el martes ya con la Policía Autonómica y Sanidade para hacer un registro que se prolongó casi toda la jornada. «Eu estaba almorzando, díxenlle incluso que tiña que tomar os medicamentos do corazón e a resposta foi: ‘usted no se mueve de aquí’. Nin sequera me deixaron chamar á miña nora para que trouxese as facturas que tiñamos, porque xa lle expliquei que a maioría están na xestoría na Coruña. Segundo eles tiña que telas aquí coas etiquetas grampadas aos albaráns, cando calquera sabe que as etiquetas no medio do peixe deterióranse e non vas gardar iso cos papeis porque é unha porquería», señala el comprador, que asegura poder justificar la procedencia legal de todos sus productos y pone un ejemplo: «Viña da Coruña con polbo fresco comprado e teño catro caixas precintadas coas súas etiquetas porque o albarán co apuro caeume no coche e atopeino ao día seguinte, pero non estaban para atender a razóns».

Admite que en momentos de mucho trabajo «ás veces deixas as cousas de calquera maneira», pero eso no significa, ni mucho menos, que conserven la mercancía en malas condiciones o que trabajen con productos ilegales. «Nunca comprei unha centola en veda, ou un lumbrigante, ou un polbo que non dese a talla porque sempre estiven en contra diso. Estes señores [a los que califica con palabras muy gruesas] en vez de escalar onde se vende todo iso, sen pasar por lonxa, que todos o sabemos, veñen aquí a facer dano», se queja Juan Bautista, que ahora tiene todo precintado, siete empleados a su cargo y teme que el destino de sus productos sea la destrucción, porque «nin sequera sabes a onde ir e sentes unha impotencia grandísima porque en Pesca dinche que é cousa de Sanidade e en Sanidade de Pesca e así pasan a pelota».

Le molestó especialmente que los agentes tomasen como referencia una de las dependencias, que ni siquiera tienen en contacto con el resto, que es donde almacenan los productos caducados que su hijo usa como carnada e incluso se los cuecen a los gatos.

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