«Era frustrante, te ibas de la playa con la sensación de no haber avanzado nada»

«Nunca máis» es el título escogido para la muestra, que exhibe en Jaén este mes

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Carballo / La Voz

A más de mil kilómetros de la Costa da Morte, el fotógrafo jienense Javier Segura Tarazaga expone una colección fotográfica que tiene la localidad de Camariñas como eje central. Colaboró en su día como voluntario hace ya quince años, cuando el fuel del Prestige teñía de negro la costa. Ahora presenta Nunca Máis, un grito a la colaboración, a la unión y al pueblo gallego, que le recibió con los brazos abiertos aquel otoño de 2002.

-No podría escoger un nombre más adecuado para su exposición.

-Imposible ponerle otro título.

-¿Cuántas fotos componen la muestra que presenta?

-Son 25 imágenes sobre papel y luego también presento ocho tablas emulsionadas por el proceso químico antiguo de revelado. Todo es película analógica, ya que era lo que había hace quince años. También llevo una pequeña performance que recrea un trocito de playa.

-¿Qué puede verse a través de su colección fotográfica?

-Lo principal es la unión y esfuerzo que mostraron miles de voluntarios de toda España que subieron a Galicia para echar una mano a esta gente que tanto lo necesitaba, después de una catástrofe tan grande.

-¿Cuál es la idea que perseguía cuando capturó las imágenes?

-Pues en aquel momento era pura información y un poco también de saturación. Aprovechaba antes de la limpieza para coger corriendo los equipos y tenía veinte minutos escasos para hacer lo que pudiera. No podía dedicarme plenamente a ello, si mi propósito era colaborar.

-No solo capturó a los voluntarios, sino que también trabajó en la limpieza como los demás.

-Si, no lo recuerdo bien, pero creo que fuimos como cuatro autobuses desde la provincia de Jaén. Éramos, principalmente, voluntarios de Ecologistas en Acción, a través del Instituto Andaluz de la Juventud. Y allí fuimos, a intentar echar una mano.

-¿Cómo recuerda esa primera impresión al llegar a Camariñas?

-Era un pequeño caos por la aglomeración de gente: los polideportivos a reventar, la distribución de materiales... Al segundo día ya vimos que estaba todo perfectamente organizado y sabían lo que había que hacer. En cuanto a mi percepción personal: era frustrante, te ibas de la playa con la sensación de no haber avanzado nada. Recogías galletas y más galletas durante a lo mejor seis horas y parecía que el crudo no tenía fin.

-¿Cuánto tiempo estuvo trabajando por la Costa da Morte?

-Fuimos solo tres días: un fin de semana completo. Ya no estuvimos cuando vino toda la maquinaria pesada, sino que hicimos todo el trabajo de mano, de voluntariado puro y duro.

-¿Qué balance hace de la experiencia vivida hace ya 15 años?

-Fueron tres días muy buenos, dentro de lo malo de las circunstancias. Muy buena gente se podía ver por allí y hay que decir que el pueblo gallego se volcó muchísimo con los voluntarios, cosa que es de agradecer.

-¿Qué le movió a organizar justamente ahora esta exposición, tantos años después?

-Bueno, son quince años: es una fecha especial, conmemorativa.

-¿Dónde puede visitarse la muestra este mes de septiembre?

-¡Pues a unos 1.100 kilómetros de Galicia! Está en el centro social La Carolina, de Jaén. Bien lejos, pero así también se ayuda a que se conozca y difunda lo que vivió Galicia por aquel entonces.

-¿Se plantea traerla por la zona?

-Lo cierto es que me gustaría mucho, pero es un proceso que me tomaré con calma. Este ha sido un mes bastante caótico. Después de veinte años he vuelto a revelar en el cuarto oscuro y a meterme con todo el proceso químico que ello implica. Me encantaría, aunque seguro que muchos compañeros por ahí hicieron una labor igual de buena o incluso mejor.

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«Era frustrante, te ibas de la playa con la sensación de no haber avanzado nada»