El problema no es un puñado de euros


No es normal que el Concello de Camariñas no pueda permitirse 2.000 euros al año para un organismo de promoción turística, que Cee no disponga para esto de algo más de 3.000 o que Laxe no esté en condiciones de desembolsar 1.900. Ni siquiera cabe en la cabeza de nadie que Corcubión, con el presupuesto más reducido de la comarca, se vea imposibilitado de aportarle a la CMAT los poco más de 1.300 de su cuota. Eso no se lo cree nadie, por más justificaciones de plazos, procedimientos administrativos, cuestiones legales o lo que se le ocurra al alcalde de turno para defenderlo.

Aquí hay algo detrás que no se está contando y que tiene un carácter político, ideológico, de perspectivas o como se quiera llamar. Por unas razones u otras hay varios responsables municipales que no creen en el proyecto de la CMAT, que, o mucho cambian las cosas, o está herido de muerte y con él todo el proyecto que recibió el pomposo nombre de geodestino.

«Queres que che diga a verdade, oxalá me equivoque, pero a min isto paréceme que non vai a ningunha parte», afirmaba hace ya muchos meses fuera de micrófono uno de los alcaldes que sí ha pagado religiosamente hasta la fecha.

El proyecto nació viciado desde el momento en el que se identificó de manera nítida con el PP, que solo tiene dos alcaldías en la Costa da Morte, y que dotó todo el asunto de los geodestinos de una cierta carga de imposición. El hecho de que Turismo dijese este es la vía que funciona y no va a haber otra no ha calado, más cuando la propia Xunta, y también la Deputación, se reservan el derecho a implicarse más o menos cuando les venga en gana.

Por otra parte -ahora ya menos- el cadáver de Neria todavía estaba muy fresco y, si bien es cierto que la entidad llegó, en cierta medida, a aglutinar a todos; era el proyecto del PSOE, con lo que varios pesos pesados de la formación, y alguno más de fuera de ella, como el ceense Ramón Vigo, nunca acaban de perdonar la puñalada mortal que le asestó Diego Calvo desde la presidencia de la Deputación, al no evitar que Neria cayese. De hecho, vieron la apertura de otro camino para la gestión turística como una afrenta directa a ese foro que habían construido durante años y que sí tenía -todavía tiene- a la Deputación como socio nato.

Para acabar de rematarla, pese a la voluntariosidad y el trabajo de los actuales directivos, a poco que se rasque en este tipo de colectivos empiezan a aflorar gente detrás con intereses particulares, rencillas casi personales y demás. Si a todo ello se suma que pocos alcaldes quieren invertir en algo que no pueden manejar directamente, el panorama, o mucho cambia, o no pinta más que negro.

Por J. V. Lado CIUDADANA

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