La memoria del «Serpent» une Camariñas con su historia naval

Dequenquén dio vida a los protagonistas de los naufragios


cee / la voz

El naufragio del crucero de la Royal Navy HMS Serpent, una noche como la de este viernes de 1890, está grabado a fuego en la historia de Camariñas y de la Costa da Morte, pero siempre quedan detalles por desvelar, personajes y relatos que quedaron fuera del foco en su momento, y que este año, en el tradicional recuerdo de la tragedia, la compañía teatral Dequenquén quiso devolver a la vida.

Así, al margen de las intervenciones del alcalde, Manuel Valeriano Alonso, de Rafael Lema y del escritor Juan Campos Calvo-Sotelo, que siempre tiene algún dato nuevo que desvelar sobre este y otros naufragios, el protagonista de la noche fue el teatro.

La ambientación la puso el propio clima en Punta do Boi, como si quisiera rememorar las condiciones de aquel infausto día, ya que el viento y el frío, unidos a la oscuridad, ya acercaban a ese ambiente de tragedia.

Los cuatro actores y dos músicos de Dequenquén, con Bernardino Martínez al frente, dividieron su recreación en seis escenas, que arrancaron con la historia de Oney Luxton.

El marinero, uno de los tres supervivientes de entre los 175 tripulantes, fue recibido como un héroe a su llegada a Gran Bretaña. Aunque se dejó parte de una pierna en Camariñas, por lo que le quedaron secuelas para toda la vida, logró reincorporarse a la Royal Navy. Sin embargo, fue expulsado, por causas que no están del todo claras, y acabó vendiendo chatarra por Inglaterra.

Dos lavanderas representaron el esfuerzo de acogida realizado por las gentes del lugar en aquellos tiempos de miseria y auténtica necesidad, en los que se encadenaban semanas negras, con varios naufragios consecutivos. Sus personajes dieron testimonio de como los vecinos tuvieron que rebuscar en cuanto baúl había en Camelle y Arou, para encontrar alguna pieza de ropa -entonces eran bien escasas- con la cubrir a los marineros.

Las compañías de salvamento de Camelle, que dieron lugar a un próspero negocio de desguace de barcos, también tuvieron su recuerdo, incluso con episodios trágicos, como el del balandro San Fernando, que volcó y se llevó la vida de cuatro hombres, con lo que eso supuso de auténtica miseria para sus familias.

Las cuatro monjas metodistas que iban a Gibraltar en el Trinacria y que acabaron en las Lobeiras, o el City of Agra, repleto de jaulas para traer animales exóticos de la India, sirvieron para relatar episodios, como el de los vecinos de Camelle que se toparon con que al enterrar un cadáver le caía del bolsillo una cartera repleta de billetes.

El cura de Xaviña, que sí accedió a enterrar a los anglicanos, algo que a lo que el de Camariñas se negó, también apareció representado, y además como un hombre de armas de tomar, que es como lo describe la historia, ya que portaba en la obra la escopeta que le llegó de regalo desde Inglaterra por su intervención en este caso.

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