Trabajos inútiles con marrones incluidos


El verano ha entrado de lleno en nuestras calores. Incluso los árboles parecían pedir sombra. El calor distrae de las inquietudes, ahora que nos sangra el alma porque el estandarte de la muerte se echó de paseo por Niza. Ni siquiera el amplio cartel del Carmen de Camariñas, con su surtida traca y la fachada del Faro Vilán lista para estallar en pleno puerto, apaga el ruido de sables de Turquía. Menos mal que las concurridas procesiones marítimas que ayer surcaron nuestras rías refrescaron un poco el ambiente y alejaron la multitud de los pesares que ensordecen desde las pantallas de la televisión, los smartphones, las radios y las fotografías de los periódicos. «Liberté, égalité, fraternité», aparecía ayer en los luminosos de las autopistas galas. También podrían colocar viejo lema en la Autovía de la Costa da Morte, que el presidente de la Xunta inaugurará el próximo día 29. A propósito, según los indicadores, la nueva vía será una continuación de la AG-55, aunque todo el mundo espera que no tengan la tentación de ponerle el discutido peaje contra el que se pronuncian ahora y se pronunciaron siempre en Arteixo y en toda el Fisterra atlántico, en este caso inútilmente. Hay esfuerzos que nunca llegan a tener compensación. Y este fue uno de ellos. Con respecto a la nueva infraestructura una cosa hay cierta: la conselleira de Ponteceso cumplió su palabra. La flamante calzada está lista en verano, tal y como lleva meses diciendo. Es difícil ver que se haya hecho una obra de esta envergadura con tal celeridad. Claro que, cuando hay dinero, las máquinas echan humo. En este caso, Ethel se salió con la suya. El proyecto se había puesto en posición podálica y el parto se había puesto muy complicado, pese a los años transcurridos. Costó, pero ya hay autovía, lista para estrenar. Ahora lo que queda es que las autoridades autonómicas sigan ahorrando para llevarla hasta Berdoias y así cumplir el compromiso y, de paso, acabar lo que quedó inconcluso por la agonía de la crisis, esa en la que la Costa da Morte lleva instalada todos los siglos, al margen de caídas como las de Lehman Brothers, explosiones de burbujas inmobiliarias o rescates bancarios. Las alegrías por aquí siempre se disfrutaron a vuelta de la emigración.

Concurso del agua. El Concello de Carballo tiene una gran ventaja sobre los demás del entorno y muchos otros conocidos. Da la sensación de ser un perpetuo remanso de paz: caigan ramas de los árboles del jardín, grite o no la portavoz de Terra Galega o el líder del PP saque sus catastróficas estadísticas. Ni siquiera la contratación del servicio del agua, valorada en la muy estimable cantidad de 50 millones de euros, altera el gesto de los corporativos. Claro que parece que descargaron toda la responsabilidad en los técnicos para no ver sus manos manchadas. No es para menos. Ya se sabe que este tipo de adjudicaciones dejaron a muchos alcaldes y ediles en la cuenta y los juzgados con toneladas de folios con diligencias de los imputados. En Carballo, si hay marrón, se lo tendrán que comer los funcionarios y los técnicos encargados del meollo. No deja de tener cierta perversión el sistema. Como la gente no se fía de los políticos, se coloca todo el peso en el plato de los técnicos, algunos ajenos al Concello. La lógica es sabia y lo normal sería que la balanza estuviese equilibrada, y no en uno de los lados. De todas formas, y por muy aséptico que sea el proceso, lo más probable es que sean los jueces los que decidan quién se llevará el agua.

Siempre tropezando en las mismas piedras

Cada estación tiene sus complicaciones. En invierno las olas se llevan a pescadores y en verano, a bañistas. Todos los años, y como si nada. Ayer a punto estuvo de consumarse una nueva tragedia en la playa de Traba (Laxe). Es uno de esos arenales que, junto con los de Soesto, Mar de Fóra (Fisterra) o As Torradas (Malpica), por citar algunas, dan disgustos cada dos por tres. Cualquiera de ellas tiene estadísticas aterradoras. Son tres parajes de ensueño, lugares con mucho efecto llamada, una especie de imán para los peligros. Sin embargo, ninguno de ellos tiene socorristas, ni se les espera. Otras playas, en las que jamás se produjo un ahogamiento, tienen generosos servicios de salvamento con tal de mantener banderas azules. El lujo nunca viene solo. Las que amenazan con la muerte desde siempre solo lucen cartel de prohibido el baño y los que quieran mojarse que se apañen, y los servicios de rescate, también. Son de esas disfunciones que por muchos años que pasen no se dan resuelto. Como el furtivismo en los ríos, incluso atacados por grupos organizados. Es la puntilla a unos cauces ya deteriorados por alcantarillados que no funcionan, herbicidas y purines. Es el verano, con sus peajes, que se nos ha instalado sin haber hecho los deberes de los años anteriores. Como siempre, tropezando en las mismas piedras. 

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