El arte que nace de la herida del mar

Un jubilado de Camelle recoge residuos en la costa para transformarlos en creaciones artísticas y convierte sus fábulas en un arma de defensa medioambiental


cee / la voz

Alejado ya del mundo empresarial, Xosé Manuel Barros Hermida, ha encontrado en Camelle (Camariñas) el escenario ideal para dar rienda suelta a su fabulaciones que plasma en piezas artísticas destinadas a convertir los despojos del mar en la mejor arma para frenar las agresiones a las que la actividad y la desaprensión humana somete a este medio fundamental para la vida.

Así un trozo de madera retorcida retirado en Sabadelle, la minúscula puerta al mar de Vimianzo, se convierte «nunha serea que chora bágoas de plástico» y la boca de las garrafas que los marineros cortan y arrojan por inservibles se transfiguran «nas caras feas de contaminación». Son todo instrumentos que, en manos de Barros, atestiguan «a infamia dos nosos pecados». Algunos con una carga simbólica incluso mucho mayor como sus «criaturas caóticas» que simulan una suerte de hormigas y arañas, de componentes y colores que rompen sus características naturales, porque que tratan de representar «unha segunda creación», la que surge de los partículas diminutas a las que la degradación mecánica y química degrada los plásticos y los deposita en los fondos marinos por cientos o miles de años.

«Veñen do petróleo, teñen carbono, así que están conectadas cos humanos. Son fillas da caos e na miña figuración saen del para invadir a terra», detalla Xosé Manuel, que lo que ha invadido, con muy buen gusto eso sí, es la casa llena de ventanas abiertas al mar, que comparte con su esposa, María Xosé López Buján, en la zona más elevada de Camelle, con unas vistas que lo dominan todo. Una vivienda que levantaron hace ahora 10 años en el pueblo en el que encontraron su sitio después de un durísimo golpe familiar. Y que tiene pegado el minúsculo taller donde se amontonan las creaciones de Xosé Manuel, todas con un sentido y con el mismo objetivo que canalizan a través de la asociación ambiental Mar de Fábula, que no es otro que el de infundir respeto por el mal para «non velo como o pañol grande no que todo cabe, senón como a casa común, que temos que reconstruír».

No se trata de que este «jubilado creativo», como lo denomina cariñosamente su esposa, pretenda sacar a mano los 30 millones de toneladas de plástico, un 10 % de la producción mundial, que acaban cada año en el mar. Realmente busca darle salida «á necesidade de asumir esta postura artística como mensaxe de concienciación», que dialoga con el espectador para hacerle entender el daño que le hace al mar. Una postura vital y creativa que, inevitablemente, traen a la memoria a Manfred Gnädinger, el naturalista que hizo de su relación con el mar de Camelle, un lenguaje artístico propio. Figura que Barros Hermida admira hasta cotas difíciles de explicar e incluso ha asumido la «responsabilidade de manter limpa a dignidade da súa memoria», pero con quien rehúye cualquier comparación.

Ahora las expectativas de Xosé Manuel y de la red de colaboradores de Mar de Fábula, que mantiene contactos hasta en Alaska y la Bretaña Francesa, pasan por «crear un punto limpo do mar». Un espacio con el que todavía no cuenta y que serviría para seleccionar una pequeña parte materiales para esta obra artística, que colgaría como mensaje en las paredes, reciclar el resto en lo posible y destruir de forma ordenada lo irrecuperable.

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