Las elecciones, el vanadio y otras mentiras


En una semana se cargaron el acumulador de energía eléctrica que Fenosa quería instalar en Cabo Vilán. Muerto el perro, se acabó la rabia. En época de elecciones nadie quiere quemarse las manos con sulfato de vanadio y ácido sulfúrico. Fenosa se echó ayer para atrás al ver el alboroto producido al trascender que quería instalar una batería para acumular la electricidad de los nuevos aerogeneradores que sustituirán a los recientemente retirados. Y ello a pesar de que el jueves el alcalde, animado por las ingenieras de la empresa, había cantado las excelencias del proyecto y sus bondades, y había lanzado a los cuatro vientos un mensaje de tranquilidad, al tiempo que juraba y perjuraba que el Concello no había recibido documentación alguna al respecto procedente de la Xunta. Claro que al día siguiente los técnicos le advirtieron de que el Plan General no permitiría tal cosa y que efectivamente al consistorio llegaron los papeles enviados de San Caetano. Un fallo lo tiene cualquiera y es fácil que ante los requerimientos diarios de los ciudadanos sobre farolas, tajeas, desempleos y demás plagas bíblicas que en estos años de crisis han caído por aquí, un regidor no ande muy presto en cuanto a elementos químicos como vanadio y similares que al común de los mortales nos suenan a chino.

El Cabo Vilán es uno de los espacios naturales más bellos de Europa. Pocas imágenes hay comparables a la silueta del cíclope erguido sobre el Atlántico visto desde la zona de Reira. El pasado año se cumplieron 80 años de su declaración como Sitio Natural de Interés Nacional, pero de poco le ha valido a este paraje castigado por las corrientes más bravas del continente. Tiene más industrias que los polígonos del Prestige. Vilán es actualmente una mezcla de parque industrial, con complejos que podían haber sido ubicados en otros lugares, incluso cercanos, con similar resultado, y chalés sembrados aleatoriamente con gran descaro y complicidad de las autoridades con mando en todos los lustros de atrás. Si hubiese habido una idea clara desde hace tiempo de lo que es y significa Cabo Vilán, este paraje no daría la imagen actual: el contraste entre la belleza y la invasión desproporcionada, en la que la batería casi sería una anécdota más.

Lo sucedido en Camariñas es una muestra que de la consulta electoral viene caliente, a pesar de las bajas temperaturas. Estos procesos tienen sus dosis de ventajas y otras tantas de peligro. Entre las primeras hay que apuntar el acelerón que los mandatarios están dando a las hormigoneras. Sorprende que después de años de vacas flacas en los consistorios, el hormigón empiece a expandirse por todas partes. No es para menos. Llega el tiempo de la venganza de los ciudadanos. Sus papeletas serán como puñales. No obstante, aún falta mucha carne en el asador. Los socialistas de Bergantiños todavía no tienen candidatos. Además, en Malpica el partido hace aguas y uno de sus baluartes se pasó a las filas del independiente Cañizo, que aprovecha su estancia en el consistorio para reñirle la segunda plaza al PSOE, que ayer aclaró en Vimianzo el camino que quiere coger.

En fin, que a los ciudadanos les conviene más mirar lo que sus políticos han hecho en todo el ejercicio que quedarse con la imagen de las últimas semanas. Ya decía Von Bismarck, el padre del Estado alemán, una especie de Ángela Merkel del XIX pero en varón, que «nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra o después de una cacería».

El lamentable sino de los tiempos

El entroido está muy vivo en la Costa da Morte. En Fisterra incluso se han animado a resucitar la Queima do Polvo, una iniciativa que tuvo sus años de apogeo tras el desastre del Cason. No obstante, los programas del carnaval no dejan de tener un tinte demasiado oficialista o, lo que es lo mismo, dirigismo y gran protagonismo por parte de los departamentos de Cultura. Hubo un tiempo en el que esta fiesta de corte tan popular estaba tan muerta que necesitaba el empuje municipal. De ello se pasó al extremo contrario. De ahí que el entroido de la Costa da Morte haya tomado más la senda de la espectacularidad que la del disfrute colectivo. O vas al pabellón o no vives el entroido, sobre todo si escasean los grelos a causa del clima avieso y contrario. Es tal vez el sino de los tiempos, los mismos que han llevado al maltrecho centro de salud de Baio a perder incluso la «R» del Sergas, a la caída del precio de la leche por los suelos o a la contaminación de las fuentes. El Concello de Carballo hizo un análisis de los manantiales y ni el 40 % son potables. Los mundos andan tan mal que uno va caminando por los montes y ha de echar mano del botellín de plástico porque el agua libre, por muy cristalina que parezca, puede llevar dosis de veneno invisible. Con PAC o sin ella, algo se está haciendo mal para llegar a estos extremos.

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