Embajador del dolmen del fin del mundo

El Concello de Cabana premió a César Antonio Molina por divulgar Dombate


carballo / La Voz

El Concello de Cabana distinguió ayer al exministro César Antonio Molina con el premio Dolmen de Dombate por haber llevado el megalito a varias de sus obras literarias. El alcalde, José Muíño Domínguez, se mostró «moi agradecido -con el escritor- de que estea aquí con nós» y dijo que para el municipio «é un orgullo». Asimismo afirmó Muíño aludiendo a los versos del galardonado: «Voume permitir o luxo de declaralo hoxe embaixador do noso dolmen de Dombate, da nosa catedral do megalitismo e que nos permite ver o que non vemos».

El reconocimiento vino precedido por un acto literario en el que el propio Molina fue protagonista. El exministro, narrador, poeta, exprofesor de la Universidad Complutense y de la Carlos III fue desgranando la presencia del dolmen de Dombate en su obra, principalmente en los libros El fin del Finisterre, Calmas de Enero y Todo se arregla caminando. Dijo el escritor, cuya trayectoria fue alabada por Luis Jaime Rodríguez, jefe de Patrimonio de la Diputación, que el sepulcro megalítico siempre fue un referente en su vida, al igual que la Torre de Hércules. Una especie de símbolo que siempre le está recordando de dónde es, de dónde viene y a dónde volverá. Algo que le acompañará allí donde esté. «Cuando lo vi, dije que era una catedral», afirmó. Algo que ha podido ser completado después de seis milenios. «Es un monumento extraordinario, algo que nos enseña lo que no vemos», agregó. Y que nos hace pensar y meditar en la existencia y en la eternidad y que después de 6.000 años sigue manteniendo su fuerza telúrica y que da la sensación de «inmortalidad y espiritualidad».

También recitó un nuevo poema, una creación apropiada para el acto, Gaitas al final de la ría. Y recitó los tres de Calmas de Enero dedicados a Dombate, Pedra Vixía y Pedra da Arca.

El galardonado hizo un llamamiento a la conservación del megalito

César Antonio Molina hizo un llamamiento a conservar el dolmen de Dombate, mantenerlo, repensarlo y «sentirlo como nuestro». Contiene, en su opinión, el arte más actual que pueda existir y fue construido, seguramente, por respeto a personas de bien. Un espacio que nos lleva preguntarnos la razón por la que vivimos. Y es importante, apuntó en otro momento, «custodiar todos símbolos de nuestros antepasados». No es el presente, es el futuro, señaló. Para él, al final, lo que siempre aparece es la piedra: «Dombate son nuestros huesos».

El salón del centro arqueológico de Dombate estaba casi lleno de público. Varios amigos acompañaron al exministro. Además de Luis Jaime Rodríguez, estaban Antón Castro, el escritor Chema Paz, el diputado Ricardo García Mira, el catedrático Jorge Mira y Antonio Viña, entre otros. Se acercaron, como afirmó Molina, a un lugar «protector» que conmueve por su «espiritualidad».

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